En el marco de la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos, este lunes 2 de noviembre, el obispo de Goya, monseñor Adolfo Ramón Canecín, presidió una celebración eucarística en el cementerio de Colonia Porvenir, donde compartió una reflexión sobre la muerte, la fe y la esperanza en la resurrección.
Como ocurre cada año en esta fecha, el obispo acompañó a las comunidades rurales del departamento de Goya, en una jornada dedicada al recuerdo de quienes ya partieron.
EL DOLOR DE LA PARTIDA Y LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN
Durante su homilía, Canecín explicó que la muerte tiene dos dimensiones: por un lado, el dolor que provoca la ausencia de los seres queridos y, por otro, la esperanza que ofrece la promesa de la resurrección.
Para ilustrar esta realidad, recordó el episodio bíblico en el que Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, demostrando que también conoció y compartió el sufrimiento humano.
Sin embargo, invitó a los fieles a no detenerse únicamente en la tristeza de la despedida, sino a mirar con fe hacia lo que viene después: «Un cielo nuevo y una tierra nueva, donde ya no habrá llanto, ni dolor, ni muerte».
«Como buenos cristianos tenemos que poner el acento en lo que comienza, en lo definitivo, en aquello que nunca más va a terminar», manifestó.
El obispo también señaló que la resurrección de Cristo es el fundamento de la esperanza cristiana y permite comprender el sentido de la existencia terrenal. En ese contexto, sostuvo que el cementerio no debe ser visto solamente como un lugar de despedida, sino también como un espacio donde se expresa la certeza de la vida eterna.
VIVIR HOY CON LOS VALORES DEL CIELO
En otro tramo de su mensaje, monseñor Canecín invitó a los presentes a comenzar desde ahora a vivir como resucitados, poniendo en práctica los valores que, según explicó, permanecerán en la vida eterna.
«En el cielo va a estar la verdad, entonces nosotros aquí en la tierra tenemos que ser veraces; en el cielo va a haber justicia, entonces aquí en la tierra tengo que ser justo», expresó.
De esta manera, planteó que la preparación para la vida eterna también implica actuar con verdad, justicia y coherencia en la vida cotidiana.
“UNA SOLA VIDA”, EL MENSAJE DEL PADRE JULIÁN ZINI
Durante su reflexión, el obispo también recordó el chamamé «Una sola vida», del padre Julián Zini, y compartió uno de sus versos: «Por suerte estoy sabiendo que no existe un final, que hay una sola vida que se hace eternidad».
Canecín destacó el significado de esa expresión, que transmite de manera sencilla la esperanza cristiana de que la muerte no representa el final de la existencia, sino el paso hacia la eternidad.
En ese sentido, recuperó una expresión muy propia de nuestra cultura: «voy a pasar nomás», para explicar ese tránsito hacia el encuentro definitivo con Dios.
«Algún día vamos a decir: voy a pasar del tiempo a la eternidad, voy a pasar de este mundo al Padre», expresó.
Finalmente, concluyó su homilía recordando que el camino de la vida cristiana está orientado hacia una plenitud que va más allá de lo que podemos conocer en este mundo.
«Nosotros vamos camino hacia la plenitud, hacia la consumación en el tiempo, hacia aquello que el ojo no vio ni el oído oyó», concluyó el obispo.







