Capitán Sarmiento tiene unos 15.000 habitantes y durante casi tres décadas encontró en Granja Tres Arroyos uno de sus principales motores económicos. Más de 1.000 personas trabajaban en la planta avícola. Ahora, más de 700 quedaron afuera en apenas una semana y el impacto ya se siente en cada rincón de la ciudad.
La crisis de la empresa no comenzó de un día para el otro. Desde hacía tiempo los trabajadores atravesaban demoras en el pago de sus salarios y acumulaban una deuda equivalente a dos meses y medio de sueldos, además del aguinaldo y las vacaciones. Pero la ola de despidos terminó de cambiar el escenario y dejó a cientos de familias sin ingresos, sin obra social y con serias dudas sobre la posibilidad de cobrar las indemnizaciones.
El golpe es enorme para una localidad tan chica. Para dimensionarlo, aproximadamente uno de cada diez empleos de Capitán Sarmiento estaba vinculado directamente con esa planta.
Hoy, la preocupación excede a quienes perdieron su trabajo. Hay familias que no saben cómo afrontar el alquiler ni las facturas de luz, gas y agua. También están quienes llegaron desde otras ciudades buscando una oportunidad laboral en Granja Tres Arroyos y ahora evalúan marcharse nuevamente porque ya no tienen de qué vivir.
En algunos casos, el impacto alcanza directamente a los chicos. Familias que deberán dejar sus barrios y las escuelas para trasladarse a otros lugares en busca de trabajo. Y hay situaciones todavía más dramáticas. En el pueblo se habla del caso de un trabajador que fue desalojado y terminó pasando varias noches dentro de su vehículo, un Renault 12 estacionado frente a la propia fábrica.
EL FINAL QUE MUCHOS YA VEÍAN VENIR
Dentro de la planta y también entre los vecinos, desde hacía tiempo se percibía que la situación era cada vez más complicada. Para muchos, lo ocurrido terminó siendo una especie de “crónica de un final anunciado”.
Sin embargo, el comunicado que comenzó a circular el domingo 30 de agosto terminó de encender todas las alarmas. Allí se informaba que desde el lunes 1° de septiembre quedaban suspendidas las tareas operativas de la Planta Sarmiento y que la medida se mantendría hasta nuevo aviso.
La empresa argumentó que existían problemas con el suministro eléctrico y otras dificultades operativas y productivas vinculadas a circunstancias de fuerza mayor y de público conocimiento. También indicó que los trabajadores no debían presentarse a cumplir tareas, salvo que fueran convocados expresamente por sus encargados o supervisores.
A partir de entonces comenzaron a llegar los telegramas de despido.
Fueron más de 700 en total: 554 correspondieron a trabajadores de Capitán Sarmiento y otros 150 a empleados de localidades cercanas. Muchos llevaban más de 20 años dentro de la empresa y, de un momento para otro, quedaron sin trabajo.
Mientras tanto, unas 300 personas que todavía conservan su puesto también viven con incertidumbre. Van cada día a trabajar sin saber qué puede ocurrir mañana.
Desde el viernes pasado rige una conciliación obligatoria por 15 días, dictada por el Ministerio de Trabajo bonaerense. La compañía, conducida por la familia De Grazia, no habría acatado la medida.
Este martes, de todos modos, la planta volvió a producir parcialmente, aunque solamente subproductos. El problema es que nadie sabe cuánto puede durar esta situación.
La empresa mantiene una deuda superior a los $2.000 millones y, en medio de las negociaciones, la distribuidora eléctrica Eden no restableció el suministro. Por eso, según explicó uno de los trabajadores, la planta funciona con un grupo electrógeno.
“Cuando se termine el gasoil que trajeron en un solo camión, otra vez sin luz”, contó.
También circula otra información: la empresa estaría preparando un pedido de concurso de acreedores. Según esas versiones, la intención de la familia De Grazia sería achicar al máximo la estructura de la planta, ordenar sus cuentas y volver a recuperar progresivamente la producción.
Pero hay otra posibilidad que también se menciona entre distintas fuentes: que el fuerte ajuste tenga como objetivo preparar la empresa para una eventual venta.
Por ahora, sobran las versiones y faltan certezas.
UN PUEBLO QUE SE ORGANIZÓ PARA QUE NADIE SE QUEDE SOLO
En Capitán Sarmiento, la crisis de Granja Tres Arroyos ya dejó de ser solamente un problema laboral. Es una situación que atraviesa a toda la comunidad.
En una ciudad donde prácticamente todos conocen a alguien que trabaja o trabajaba en la planta, la solidaridad comenzó a aparecer por distintos lugares. Se juntan alimentos, pañales, productos de higiene y todo aquello que pueda servir para atravesar estos días.
El Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación de la provincia de Buenos Aires (STIA) ya llevaba más de dos meses entregando mercadería a los empleados que sufrían atrasos salariales.
Desde este lunes, además, comenzaron las ollas populares durante la noche en el salón del gremio.
Pero la iniciativa se multiplicó. Las ollas aparecieron en distintos puntos de la ciudad y hasta un salón de fiestas privado, Borboleta, empezó a recibir a personas que necesitan comer, sin preguntarles quiénes son ni por qué están allí.
Claudia, encargada del lugar, contó a Infobae que todos los días recibe llamados de familias que tenían reservado el salón para festejar el cumpleaños de alguno de sus hijos y que ahora deben cancelar porque ya no pueden afrontar las cuotas.
La respuesta que están dando desde Borboleta es otra muestra del clima que atraviesa la ciudad: ofrecer el salón y buscar la manera de conseguir la comida para que los chicos puedan festejar igual.
“De alguna manera vamos a hacer los cumpleaños”, es la idea que transmiten desde el lugar. El objetivo, explican, es evitar que los chicos carguen todavía más con las consecuencias de una crisis que no provocaron.
Durante esta semana también se organizó una chocolatada en el Centro Educativo, un espacio al que concurren chicos fuera del horario escolar y donde reciben apoyo académico y contención social. La intención fue darles un momento diferente, permitirles distraerse y alejarse, aunque sea por unas horas, de la preocupación que se vive en sus casas.
Los clubes tampoco se quedaron al margen.
El sábado organizaron una jornada deportiva solidaria para recolectar alimentos. Participaron el Club Social y Deportivo San Carlos, el Club Deportivo SDL, el Club Los 14 y el Club Atlético Independiente.
No hubo entradas. A quienes quisieran colaborar se les pidió solamente un alimento no perecedero para entregar posteriormente a las familias afectadas por los despidos de Granja Tres Arroyos.
Las colectas también aparecen en gimnasios y distintos comercios y espacios de la ciudad. En el sindicato, además, esta semana comenzaron a entregar bolsones de alimentos. Según indicaron fuentes de STIA, en principio la asistencia se realizará cada 15 días.
EL MUNICIPIO TAMBIÉN REFUERZA LA ASISTENCIA
La pregunta que empieza a aparecer ahora es qué sucederá cuando pase el impacto inicial y las necesidades continúen.
Desde el Municipio de Capitán Sarmiento, conducido por Fernanda Astorino, de La Libertad Avanza, aseguran que la asistencia ya venía desde hacía varios meses, debido a los problemas que tenían los trabajadores para cobrar sus salarios.
Con los despidos masivos, esa ayuda se reforzó.
Además de gestionar la entrega de alimentos, el municipio intenta evitar que las familias afectadas sufran cortes de luz y agua por falta de pago. También interviene frente a los problemas vinculados con las obras sociales.
“Nos vamos a poner a disposición con todos los recursos hasta donde podamos”, explicó Astorino. La intendenta señaló que están asistiendo con alimentos y también con servicios básicos como luz y agua.
En cuanto a la atención médica, contó que algunas obras sociales mantienen deudas con el Municipio porque trabajadores de Granja Tres Arroyos estuvieron siendo atendidos en el hospital local. Por eso, desde la comuna buscan que esas coberturas continúen para quienes quedaron afectados.
También se sumó la farmacia del hospital, desde donde se está entregando medicación a los trabajadores despedidos que la necesitan.
EL MIEDO AHORA ES EL EFECTO DOMINÓ
Más allá de los despidos y de la situación de cada familia, en Capitán Sarmiento empieza a instalarse otra preocupación: el impacto que tendrá la crisis sobre el resto de la economía local.
Los salarios de Granja Tres Arroyos estaban por encima del promedio de una ciudad pequeña. Quienes todavía continúan trabajando cobran, en promedio, alrededor de $3 millones, aunque hay diferencias según cada caso.
Con alrededor de 1.000 trabajadores percibiendo esos ingresos, el dinero se movía después por toda la ciudad. Alquileres, supermercados, comercios, talleres, servicios, gimnasios y una larga lista de actividades dependían, directa o indirectamente, de ese movimiento.
Por eso, la preocupación no termina en los 700 despidos.
El temor es que la crisis de la planta termine provocando un efecto dominó en otros sectores, justo cuando la actividad económica general atraviesa un momento complicado y las expectativas de una recuperación rápida no son demasiado alentadoras.
De hecho, varios comercios de Capitán Sarmiento ya habían cerrado en los últimos meses.
Ahora, con cientos de familias tratando de reorganizar sus vidas y una de las principales fuentes de trabajo de la ciudad atravesando su momento más crítico, el pueblo mira hacia adelante con una pregunta difícil de responder: ¿qué va a quedar de aquella ciudad que durante casi 30 años creció alrededor de Granja Tres Arroyos.







