Este 15 de agosto, la comunidad de la Diócesis de Goya se reúne en oración para celebrar una fecha especial: los 62 años de sacerdocio de monseñor Ricardo Oscar Faifer, obispo emérito de Goya.
El aniversario será acompañado con una misa de acción de gracias que el prelado presidirá a las 17 en el Santuario Don Orione, en Claypole, provincia de Buenos Aires, donde reside actualmente. Desde el Obispado de Goya invitaron a dar gracias por su trayectoria y destacaron su entrega y servicio a lo largo de todos estos años.
Faifer fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1964. Poco tiempo después viajó a Roma para continuar sus estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico.
Cuando regresó al país comenzó su ministerio en la Diócesis de Gualeguaychú. Primero se desempeñó como vicario en la Iglesia Catedral y luego pasó a la parroquia Santa Teresita.
En 1973 fue destinado a Galarza y cuatro años después volvió a Gualeguaychú como párroco de Santa Teresita. Allí permaneció durante más de dos décadas. Durante esos años también fue director espiritual del Seminario Menor y profesor de Teología y Derecho Canónico en el Seminario Diocesano “María Madre de la Iglesia”.
En 1997 asumió como vicario general de la Diócesis de Gualeguaychú.
Su camino pastoral tomó un nuevo rumbo el 12 de diciembre de 2002, cuando fue ordenado obispo y asumió como tercer obispo de Goya, en reemplazo de monseñor Luis Teodorico Stöckler.
Faifer estuvo al frente de la diócesis hasta 2015. Ese año presentó su renuncia al papa Francisco al cumplir los 75 años. La dimisión fue aceptada el 24 de septiembre y monseñor Adolfo Ramón Canecín, que hasta entonces era obispo coadjutor, quedó al frente de la Diócesis de Goya como su cuarto obispo diocesano.
“HE QUEDADO UNIDO A USTEDES PARA SIEMPRE”
El vínculo que monseñor Faifer construyó con Goya quedó reflejado en su libro Con memoria agradecida, una obra en la que repasó su ministerio episcopal y su experiencia como pastor de la diócesis.
En sus páginas recordó que, cuando llegó para asumir el servicio pastoral, tenía un fuerte deseo de conocer a las comunidades. Aquella tierra que al principio representaba para él “un horizonte desconocido geográfica y humanamente” terminó convirtiéndose en una historia hecha de rostros, nombres, familias y paisajes.
“¡Cuántos chamigos queridos!”, escribió, al expresar el cariño que nació durante sus años en Goya.
También dejó una frase que resume el vínculo que, según sus propias palabras, quedó para siempre: “Bendigo al Señor que en su providencia dispuso que fuese Pastor de la Iglesia de Goya. He quedado unido a ustedes para siempre”.
En ese mismo mensaje, agradeció a las comunidades por la comprensión, el afecto y la colaboración que recibió durante su servicio episcopal. También tuvo palabras especiales para los sacerdotes que lo acompañaron en la tarea pastoral y para los obispos del Nordeste Argentino, con quienes compartió una relación marcada por la amistad, el acompañamiento y la fraternidad episcopal.
A 62 años de su ordenación sacerdotal, la Diócesis de Goya vuelve a poner en valor la trayectoria de su obispo emérito y eleva una acción de gracias por su vida y su ministerio, acompañando esta celebración con la oración de toda la comunidad.
En Con memoria agradecida, Faifer también recuperó, al hablar del final de la misión recibida, una enseñanza del Evangelio de Lucas: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir nuestro deber” (Lc 17,10).



