EL YAGUARETÉ Y LA ANTIGUA LEYENDA GUARANÍ QUE VUELVE A COBRAR VIDA EN CORRIENTES

En los últimos días, distintos avistajes de yaguaretés en varias localidades del interior de Corrientes despertaron el entusiasmo de vecinos y turistas, que pudieron observar de cerca al mayor felino de América. Estos encuentros son resultado del trabajo que especialistas llevan adelante desde hace años para reintroducir una especie que durante décadas fue considerada extinguida en la provincia.

Pero, además de la emoción por su regreso, la presencia del yaguareté también hizo resurgir una de las leyendas más antiguas de la cultura guaraní: la del Yaguareté-avá, conocido como el Hombre Tigre. Se trata de un relato ancestral que combina elementos sobrenaturales con el profundo respeto que los pueblos originarios sentían por la naturaleza y por este imponente animal.

La investigadora Berta Vidal de Battini, en el octavo tomo de Cuentos y Leyendas Populares de la Argentina, señalaba que, según la tradición popular, el Yaguareté-avá era un indígena que, mediante hechicería, podía transformarse en un tigre mucho más feroz que cualquier otro. También explicaba que esta creencia comenzó a desaparecer a medida que las comunidades indígenas fueron desplazadas hacia reservas alejadas.

Por su parte, el escritor y antropólogo Adolfo Colombres, en su obra Seres sobrenaturales de la cultura popular Argentina, describe a esta criatura como un tigre extremadamente violento y sanguinario, con la cola muy corta o directamente sin ella y la frente sin pelos. Otras versiones lo representan como un ser mitad hombre y mitad yaguareté, o con cuerpo del felino y extremidades humanas.

Mucho antes, el etnógrafo y naturalista Juan Bautista Ambrosetti, considerado uno de los pioneros del estudio del folclore argentino, también recogió esta leyenda durante sus recorridos por la región. En su libro Supersticiones y Leyendas contaba que en Misiones, Corrientes y Paraguay era habitual escuchar relatos sobre los Yaguaretés-avá, a quienes muchos identificaban como antiguos indígenas bautizados que, durante la noche, se transformaban en tigres para atacar tanto a sus compañeros como a otras personas.

Ambrosetti también relató una historia ambientada en la localidad paraguaya de Yutí, donde, según la tradición, un Yaguareté-avá había provocado numerosas muertes. La leyenda cuenta que un joven decidió enfrentarlo y, luego de cumplir con promesas y rituales religiosos, salió a buscarlo. Tras un intenso combate logró herirlo y siguió su rastro por la selva hasta llegar a una cueva repleta de calaveras y huesos humanos. Allí, después de otra feroz lucha, consiguió darle muerte.

A lo largo de generaciones, el Yaguareté-avá simbolizó el temor frente a los misterios de la naturaleza, pero también reflejó la admiración que despertaba este gran felino entre los primeros habitantes de la región.

Con el regreso del yaguareté a los esteros correntinos, esta antigua leyenda vuelve a ser recordada y refuerza la importancia de proteger una especie emblemática de la fauna argentina, promoviendo su conservación y el respeto por la vida silvestre.

UNA ESPECIE EMBLEMÁTICA QUE NECESITA PROTECCIÓN

Desde el año 2001, la Ley N.º 25.463 declaró al yaguareté (Panthera onca) como Monumento Natural Nacional, reconociendo su enorme valor para el patrimonio natural argentino.

De acuerdo con la información oficial de la Administración de Parques Nacionales, se trata de un depredador de gran tamaño que se alimenta principalmente de pecaríes y corzuelas, aunque también caza carpinchos, tapires, agutíes, peces y reptiles, entre ellos serpientes y yacarés.

En la Argentina, el yaguareté está catalogado como una especie en peligro crítico de extinción, debido a la pérdida y degradación de su hábitat, la caza furtiva y la disminución de sus presas naturales.

Gracias a los programas de reintroducción, la población comenzó a recuperarse lentamente. Sin embargo, especialistas recuerdan que es fundamental saber cómo actuar ante un eventual encuentro con uno de estos animales.

Las recomendaciones son mantener la calma y no correr, hacerse visible para parecer más grande, evitar bloquear su camino, retroceder lentamente sin darle la espalda y resguardar a las mascotas o animales domésticos. Estas medidas ayudan a proteger tanto a las personas como a una de las especies más valiosas de la biodiversidad argentina.