Politica
Jueves 4 de Junio de 2026
Por : Rolón Javier Adrian
La visita de Axel Kicillof a Corrientes dejó mucho más que una agenda institucional. Dejó al descubierto una realidad que preocupa a numerosos militantes y simpatizantes del peronismo: la incapacidad de algunos dirigentes para separar las disputas internas de las necesidades políticas del presente.
Resulta difícil comprender cómo uno de los principales referentes del peronismo nacional, gobernador de la provincia más importante del país y potencial candidato presidencial para los próximos años, puede llegar a Corrientes sin que la conducción partidaria provincial le otorgue el reconocimiento político que corresponde a su investidura.
No se trata de adhesiones personales ni de posicionamientos dentro de la compleja realidad bonaerense. Se trata de sentido político. De entender que los intereses del peronismo correntino deberían estar por encima de las diferencias que hoy atraviesan a otros distritos.
Mientras gran parte de la militancia busca señales de reorganización y esperanza frente a un contexto nacional adverso, la dirigencia parece concentrada en reproducir conflictos ajenos. Como si la prioridad fuera tomar partido en una disputa que no nació en Corrientes y cuyos efectos poco contribuyen a fortalecer al justicialismo provincial.
La consecuencia de esa actitud es evidente. Los espacios vacíos siempre son ocupados por alguien. Cuando la estructura formal del partido decide mirar para otro lado, aparecen otros sectores dispuestos a capitalizar políticamente esos momentos. Lo que podría haber sido una muestra de unidad terminó convirtiéndose en una demostración de fragmentación.
Lo más preocupante es que esta lógica parece repetirse una y otra vez. El peronismo discute liderazgos mientras la sociedad reclama propuestas. Se multiplican las diferencias internas mientras los problemas reales de la gente siguen esperando respuestas. Y en ese escenario, los únicos beneficiados son quienes observan desde afuera cómo la principal fuerza opositora consume energías en disputas que la alejan de sus verdaderos desafíos.
La política exige convicciones, pero también inteligencia. Nadie obliga a compartir cada postura de Axel Kicillof. Sin embargo, desconocer la relevancia que tiene hoy dentro del escenario nacional parece más una demostración de mezquindad política que una estrategia de construcción.
Los liderazgos pasan, las coyunturas cambian y las internas terminan resolviéndose. Lo que queda es la capacidad —o la incapacidad— de construir espacios amplios que permitan fortalecer un proyecto colectivo.
Por eso la discusión de fondo no es Axel Kicillof. La discusión es qué peronismo quiere construir Corrientes: uno capaz de dialogar con todos los sectores del movimiento o uno encerrado en disputas que terminan debilitándolo frente a la sociedad.
Porque cuando las diferencias internas se vuelven más importantes que el futuro, el riesgo no es perder una discusión. El riesgo es perder una oportunidad histórica.




