Justicia, poder y coherencia institucional

Editorial

7 de Julio de 2026

Por : Rolón Javier Adrian

Cuando la Justicia tarda, duele. Cuando el poder parece esquivarla, genera indignación. Y cuando la doble moral se instala en las instituciones, el problema deja de ser un hecho aislado para convertirse en una profunda crisis de confianza.

El caso de Mauro Martelli, quien sufrió un grave siniestro vial el 7 de febrero de 2026 en Paso de los Libres, volvió a poner en el centro del debate la necesidad de una Justicia imparcial y de funcionarios que actúen con absoluta coherencia entre sus responsabilidades públicas y privadas.

Los hechos denunciados son de extrema gravedad y deberán ser esclarecidos por la Justicia, respetando el debido proceso y garantizando los derechos de todas las partes. Sin embargo, más allá del expediente judicial, existe una discusión ética e institucional que no puede ser ignorada.

La sociedad se pregunta si resulta compatible que un funcionario que ocupa un cargo vinculado a la seguridad y la protección ciudadana ejerza, al mismo tiempo, la defensa de una persona acusada en una causa que conmueve a toda la comunidad. No se trata de cuestionar el derecho constitucional a la defensa, sino de reflexionar sobre el mensaje que reciben los ciudadanos cuando las responsabilidades públicas parecen entrar en conflicto con intereses particulares.

La función pública exige algo más que cumplir la ley: exige credibilidad, transparencia y coherencia. Quienes ocupan cargos de responsabilidad deben comprender que sus decisiones también construyen confianza o alimentan la desconfianza hacia las instituciones.

El pedido de justicia por Mauro no pertenece únicamente a una familia. Es el reclamo de una comunidad que espera igualdad ante la ley, sin privilegios ni tratamientos diferenciados. La sociedad necesita respuestas claras, procesos transparentes y funcionarios que estén a la altura de la responsabilidad que asumieron.

Porque cuando las instituciones transmiten mensajes contradictorios, la confianza se deteriora. Y sin confianza en la Justicia y en el Estado, es la democracia la que comienza a debilitarse.