TALENTO JOVEN, NEGOCIOS GRANDES: CUANDO LA FAMA Y EL MERCADO SE CRUZAN

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EDITORIAL

PASO DE LOS LIBRES                                                              28 de Abril de 2026

Por : Javier Adrian Rolón

Cada año, foros como el Patagónico en Bariloche reúnen a pibes con ideas, a fondos de inversión y a empresas de escala global. El discurso suena bien: “potenciar talentos”, “escalar startups”, “llevar la bandera argentina al mundo”. Y hace falta. El país necesita innovación, laburo y dólares genuinos.

El problema aparece cuando el talento se vuelve insumo de un modelo donde pocos grupos concentran shoppings, hoteles, tierras, concesiones y plataformas. Cuando la promesa de “llegar a la F1” del emprendedurismo termina siendo la puerta de entrada a un ecosistema donde el joven pone la cara y el código, pero la propiedad y la renta quedan siempre en las mismas manos.

No se trata de demonizar a Endeavor, a Globant o a Mercado Libre. Se trata de preguntar qué reglas de juego tenemos para que el éxito de un chico de Bariloche o de Libres no termine diluido en esquemas de monopolios cruzados. Qué rol cumple el Estado cuando centros de convenciones, hoteles, hectáreas estratégicas y puntos de consumo masivo se acumulan bajo pocos dueños.

La democracia no se mide solo en votos. Se mide en la posibilidad real de competir. Si para entrar al negocio del entretenimiento, del real estate o del consumo tenés que pedir permiso en las mismas oficinas de siempre, no hay mercado: hay peaje.

Los ídolos para las masas siempre existieron. Antes los armaba la TV, hoy los arma el algoritmo. La pregunta es quién se queda con la boletería. Mientras discutimos si un influencer es ejemplo o no, hay grupos que definen el precio del patio de comidas, del alquiler de oficinas y de la hectárea que mañana será barrio cerrado.

Necesitamos jóvenes con talento. Y necesitamos un país donde ese talento no sea cooptado, sino potenciado con reglas claras, competencia real y un Estado que regule sin asfixiar.

Porque si todos los caminos conducen a Roma, al menos que haya más de una ruta para llegar. Y que la nafta no la vendan siempre los mismos.