La farsa política en un país tutelado

Editorial

Jueves 23 de Abril de 2026

Por : Rolón Javier Adrian

En los territorios coloniales la política es un espejismo. Por concepto, donde no hay soberanía tampoco hay disputa real por el poder. El rumbo ya está escrito desde la metrópoli y la dirigencia local no gobierna: administra directivas.

Argentina funciona bajo esa lógica. Lo que llamamos “política” es una puesta en escena. Da la impresión de que hay confrontación, pero es teatro: oficialismo y supuestos rivales obedecen, en última instancia, a un mismo centro de mando externo.

Eso explica por qué un presidente como Milei puede rebajar la dignidad nacional postrándose ante Netanyahu sin costo político interno. ¿Y por qué la oposición no reacciona?

Porque no existe tal oposición. El espacio que se presenta como alternativa también tributa al mismo tutelaje. Lo hace con otro discurso, desde otra vereda ideológica, pero tributa igual. Y al estar atado al mismo patrón, queda inhabilitado para cuestionar a Milei cuando este se somete a Israel.

Alberto Fernández recorrió el mismo camino. A un mes de asumir, en enero de 2020, su primer destino como jefe de Estado fue ir a rendir pleitesía a Netanyahu.

Repasemos el dato: en 2020, el debut internacional de un presidente argentino no fue Brasil, como manda la costumbre diplomática y la lógica regional. Fue Israel. Eso debería encender alarmas en cualquier observador atento.

Y debería bastar para entender que acá la competencia electoral es cosmética. Cambian los nombres en la boleta, cambian los colores, pero el que decide sigue siendo el mismo.

Cuando el primer viaje presidencial ignora al principal socio y elige al patrón geopolítico, el mensaje es claro: la política local no define nada. Solo ejecuta.

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