Hablar de consumos problemáticos no implica solamente poner la mirada en quien atraviesa esa situación. También significa mirar alrededor, reconocer los vínculos y entender quiénes pueden convertirse en una red de apoyo. Ese fue uno de los principales ejes abordados en una nueva edición del programa radial “Escucha, Prevení y Acompaña”, donde la licenciada Vanesa Morales y la técnica en Psicología Social Mercedes Benítez reflexionaron sobre el papel de la familia y de los llamados “referentes afectivos”.
La conversación se dio en una jornada en la que la baja visibilidad en las calles había obligado a reforzar las recomendaciones para circular con responsabilidad y realizar un “consumo responsable” del propio vehículo. Desde el programa aprovecharon esa idea para llevarla a otro terreno: los vínculos cotidianos y la responsabilidad que implica acompañar a alguien que necesita ayuda.
Uno de los temas que abrió el diálogo fue la participación reciente del equipo de la Dirección de Prevención y del DTC en los festejos por el “Día del Niño”. Allí se llevaron adelante diferentes actividades recreativas pensadas para acercar mensajes de prevención a los más chicos.
Morales valoró especialmente la respuesta de la comunidad, que calificó como “sumamente positiva”, y señaló un aspecto que llamó la atención del equipo: la presencia más activa de las familias.
Según explicó, en comparación con otras oportunidades, esta vez se observó que madres, padres y otros adultos responsables estuvieron mucho más cerca de los niños. “En otras ocasiones los chicos se movían de manera más independiente; esta vez notamos una presencia mucho más activa de madres, padres y adultos responsables”, señaló.
Los juegos fueron utilizados como una herramienta para hablar de hábitos y valores sin perder el carácter recreativo de la jornada. Entre las propuestas hubo un semáforo de hábitos de consumo, un memo test, actividades vinculadas con la alimentación saludable y una rayuela de valores en la que el “cielo” estaba representado por el amor.
Pero una escena cotidiana terminó abriendo otra reflexión. Varios niños no conocían la rayuela, algo que para generaciones anteriores era parte habitual de los juegos de infancia.
Para Morales, esa situación muestra cómo fueron cambiando las formas de relacionarse y compartir tiempo. Los juegos tradicionales y los espacios de encuentro sin pantallas ya no aparecen necesariamente de manera espontánea y, por eso, requieren una participación más activa de los adultos. “Antes el contacto con estos juegos era inevitable; hoy requiere de una intervención más directa de los adultos”, explicó.
QUÉ SIGNIFICA SER UN REFERENTE AFECTIVO
A partir de allí, la conversación se concentró en una figura que ocupa un lugar importante dentro de las estrategias actuales de prevención: el “referente afectivo”.
La elección de este término no es casual. La idea busca alejarse de conceptos más rígidos, como el de “tutor”, y ampliar las posibilidades respecto de quién puede acompañar a una persona.
“No siempre es un padre o una madre; puede ser un hermano, una pareja, un amigo o un vecino. Lo importante es el compromiso y el vínculo que se construye”, sostuvo Morales.
La técnica en Psicología Social Mercedes Benítez, en tanto, puso el foco en lo que sucede dentro de las familias cuando aparece una situación de consumo problemático. Y marcó una diferencia que puede resultar fundamental: acompañar no significa controlar.
Desde el miedo, la preocupación o incluso la frustración, explicó, muchas veces los familiares terminan sobreprotegiendo o invadiendo los espacios de la persona. Frente a eso, planteó la necesidad de construir relaciones donde tengan lugar la confianza, el diálogo y también los límites saludables.
Benítez insistió además en que reconocer los propios límites también forma parte del acompañamiento. Hay momentos en los que las herramientas disponibles dentro de la familia ya no alcanzan y es necesario recurrir a profesionales.
“A veces se llega cuando la situación ya desborda. Una forma de prevenir es justamente animarse a pedir acompañamiento a tiempo”, explicó.
En ese sentido, recordó que el DTC Goya brinda atención tanto a las personas que atraviesan consumos problemáticos como a sus referentes afectivos.
RECONOCER LAS SEÑALES ANTES DE QUE LA SITUACIÓN SE AGRAVE
Otro de los puntos planteados durante el programa fue la importancia de aprender a reconocer señales de alerta. La comparación con un semáforo permitió explicar la necesidad de identificar determinadas situaciones y actuar antes de que el problema avance.
Pero acompañar también supone revisar las expectativas. Morales advirtió que muchas veces se espera que una recuperación sea rápida, lineal y sin dificultades. Esa mirada puede terminar generando todavía más presión sobre quien está atravesando el proceso.
“Muchas veces se idealiza la recuperación como algo inmediato o perfecto, y eso genera más presión y frustración”, señaló.
Desde el DTC se trabaja con un modelo ambulatorio que no plantea recorridos idénticos para todas las personas. Cada proceso tiene sus propios tiempos y puede incluir momentos de avance, dificultades y recaídas.
“No todas las personas tienen los mismos tiempos. Es un proceso con avances y retrocesos, donde lo importante es la constancia y saber que siempre se puede volver”, explicó Morales.
Esta perspectiva también refleja un cambio en la manera de entender los consumos problemáticos. El abordaje dejó atrás modelos exclusivamente punitivos o centrados únicamente en lo médico para avanzar hacia una mirada integral, que contempla la multicausalidad y las estrategias de reducción de riesgos y daños.
El enfoque parte de reconocer que cada persona tiene una historia y circunstancias particulares. Por eso, el acompañamiento no se limita a los momentos de estabilidad, sino que también debe estar presente cuando aparecen dificultades o recaídas.
En el cierre del programa, las profesionales remarcaron otro aspecto que todavía representa una barrera para muchas personas: los prejuicios alrededor de la salud mental y la posibilidad de pedir ayuda.
“No es estar ‘mal’, es animarse a reconocer que necesitamos herramientas nuevas”, coincidieron.
Para quienes necesiten orientación o acompañamiento, la Dirección de Prevención de Adicciones funciona en San Martín 555. El DTC Goya está ubicado en el barrio Sarmiento, por calle San Juan 1526, y brinda acompañamiento integral tanto a usuarios como a sus referentes afectivos.




