La celebración de San Cayetano volvió a reunir a una multitud de fieles el 7 de agosto en la histórica capilla ubicada en Tucumán y Pujol. Bajo el lema “Iglesia sinodal, comunión, participación y misión”, miles de peregrinos se acercaron desde las primeras horas del día para pedir la intercesión del patrono del pan y del trabajo por sus intenciones personales y familiares.
La misa central estuvo presidida por el párroco de la catedral, presbítero Ariel Giménez, quien durante su homilía puso el foco en la situación social y económica que atraviesa el país. En ese contexto, invitó a no limitar la fe a la oración y planteó la necesidad de asumir un compromiso concreto con el bien común.
Giménez sostuvo que la multitud reunida alrededor de San Cayetano representa mucho más que una expresión de religiosidad popular. Para el sacerdote, esa presencia masiva refleja la realidad de un pueblo que continúa confiando en que Dios escucha las necesidades de quienes atraviesan situaciones de sufrimiento.
“Esa fila es mucho más que una manifestación de religiosidad popular. Es el retrato de un pueblo que sigue creyendo que Dios escucha el clamor de quienes sufren. Pero también es una pregunta que nos interpela: ¿por qué sigue habiendo tantos argentinos que piden pan y trabajo?”, expresó.
Durante su reflexión, el sacerdote se refirió especialmente a las dificultades que enfrentan los trabajadores, los jóvenes y las familias. Señaló que miles de jóvenes todavía no consiguen acceder a un empleo estable y que muchas familias viven con la incertidumbre de perder su fuente laboral o de no poder llegar a fin de mes.
También advirtió sobre el crecimiento del trabajo informal y las situaciones en las que distintas personas quedan fuera del mercado laboral al dejar de ser consideradas “útiles”.
“Hoy nuestra realidad vuelve a plantearnos preguntas muy profundas. Miles de jóvenes no encuentran un trabajo estable. Muchas familias viven con miedo a perder el empleo o a no llegar a fin de mes. El trabajo informal crece, mientras tantas personas quedan descartadas porque ya no son consideradas ‘útiles’ para el mercado”, manifestó.
Giménez también cuestionó determinadas decisiones económicas que, según planteó, pueden dejar en una situación de mayor vulnerabilidad a los sectores más débiles. En particular, hizo referencia a los procesos de desregulación y a los posibles efectos sobre los derechos laborales.
“Contemplamos con preocupación decisiones que muchas veces dejan desprotegidos a los más débiles. La desregulación de distintos ámbitos de la economía puede generar oportunidades, pero también corre el riesgo de debilitar derechos laborales conquistados con mucho esfuerzo”, afirmó.
A la vez, puso sobre la mesa la necesidad de administrar con responsabilidad los recursos naturales del país. Mencionó específicamente la tierra, los ríos y el mar argentino, y sostuvo que su explotación no puede analizarse solamente desde una perspectiva de rentabilidad económica.
“Son bienes que pertenecen también a las generaciones futuras y cuya administración exige responsabilidad, justicia y soberanía”, señaló el joven sacerdote.
En otro tramo de la homilía, expresó su preocupación por el desempleo juvenil, la precarización laboral y las distintas situaciones de vulnerabilidad que afectan a numerosos sectores de la sociedad.
Ante este escenario, planteó que existen dos riesgos: depositar toda la responsabilidad en los gobernantes o encerrarse en una práctica religiosa que se limite a rezar sin asumir un compromiso con la realidad.
“Frente a esta realidad, podríamos caer en dos tentaciones. La primera es pensar que todo depende únicamente de los gobernantes. La segunda, refugiarnos en una fe que solo reza y no se compromete”, sostuvo.
El sacerdote recordó que, para la Iglesia, cualquier política económica debe tener como eje la dignidad de la persona humana. En ese sentido, remarcó que el crecimiento económico no puede separarse de la justicia social, la defensa de los derechos laborales y el cuidado responsable de los bienes naturales.
Como ejemplo, mencionó al propio San Cayetano y su manera de vivir la fe.
“San Cayetano nos muestra otro camino. Él rezó intensamente, pero también organizó obras de caridad, promovió la solidaridad y ayudó a quienes necesitaban recuperar su dignidad”, destacó.
A partir de allí, vinculó el mensaje del santo con el camino sinodal que propone la Iglesia, entendido como una invitación a caminar juntos y buscar respuestas compartidas frente a los problemas de la sociedad.
Giménez sostuvo que la Argentina necesita volver a colocar el trabajo entre sus prioridades y generar condiciones para que los jóvenes puedan pensar su futuro sin verse obligados a abandonar su tierra.
“Necesitamos una Argentina donde el trabajo vuelva a ser una prioridad; donde los jóvenes puedan proyectar su futuro sin tener que abandonar su tierra; donde la producción nacional, el campo, la industria, la pesca y los recursos naturales sean desarrollados con responsabilidad social y ambiental; donde la economía esté al servicio de la persona humana y no al revés”, expresó.
LA IGLESIA COMO PARTE DEL CAMINO HACIA EL BIEN COMÚN
En su homilía, el párroco de la catedral también aclaró cuál considera que debe ser el papel de la Iglesia frente a los problemas sociales y económicos.
Explicó que una Iglesia sinodal no pretende ocupar el lugar de otros actores de la sociedad. “No reemplaza al Estado, ni a los sindicatos, ni a los empresarios, ni a las organizaciones sociales”, señaló.
Sin embargo, sostuvo que sí tiene una responsabilidad: promover el diálogo, escuchar el clamor de quienes sufren y recordar que el bien común debe estar por encima de los intereses sectoriales.
En esa línea, convocó a los fieles a llevar la oración a acciones concretas y a comprometerse, desde cada vocación y lugar, con la construcción de una sociedad más justa. Entre esos compromisos mencionó la defensa del trabajo digno, la solidaridad y el cuidado de la casa común.
“Hoy muchos vendrán a pedir pan y trabajo por intercesión de San Cayetano. Hagámoslo con confianza. Pero al mismo tiempo preguntémonos qué podemos hacer nosotros para construir una sociedad más justa”, planteó.
Y agregó: “Quizá algunos puedan generar empleo. Otros defender los derechos de quienes trabajan. Otros comprometerse en la política con honestidad. Otros acompañar a las familias más golpeadas. Otros sostener obras de solidaridad. Todos podemos cuidar la casa común y defender la dignidad de cada persona”.
Finalmente, el presbítero Ariel Giménez llamó a mantener unidas la espiritualidad y la acción cotidiana, tomando a San Cayetano como ejemplo de una fe comprometida con las necesidades de los demás.
“Que San Cayetano nos enseñe a unir la oración con el compromiso, la fe con la justicia y la esperanza con el trabajo cotidiano. Y que nuestra Iglesia, caminando sinodalmente, sea siempre una comunidad que escucha el clamor de su pueblo, acompaña a los que sufren y trabaja, junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que en nuestra patria nadie carezca del pan, del trabajo digno y de la esperanza”, concluyó.







