La grieta
Jueves 4 de Junio de 2026
Por : Rolón Javier Adrian
A once años de la primera movilización de “Ni Una Menos”, Paso de los Libres volvió a recordar a las víctimas de femicidio. Sin embargo, la jornada dejó una imagen que invita a la reflexión: dos actos distintos, en lugares diferentes, organizados por sectores que dicen defender la misma causa.
Por un lado, organizaciones sociales, mujeres autoconvocadas y familiares de víctimas se reunieron en Plaza Independencia bajo la consigna “En Libres nos faltan gurisas”. Por otro, la Municipalidad realizó un acto oficial en el Monumento en Memoria de las Víctimas de Femicidios, acompañado por funcionarios y representantes institucionales.
La pregunta surge de manera inevitable: ¿cómo una causa tan dolorosa, tan sensible y tan urgente puede terminar atravesada por las diferencias partidarias?
La lucha contra la violencia de género no pertenece a ningún gobierno, a ningún partido político ni a ningún espacio ideológico. Pertenece a la sociedad. Pertenece a las familias que perdieron una hija, una hermana, una madre o una amiga. Pertenece a quienes siguen exigiendo justicia y a quienes trabajan todos los días para prevenir nuevas tragedias.
Sin embargo, una vez más, la política parece imponerse sobre el objetivo común. Mientras algunos sectores utilizan estos espacios para cuestionar las políticas nacionales, otros impulsan actos institucionales por separado. El resultado es una sociedad dividida incluso cuando se trata de recordar a quienes ya no están.
La realidad es que los femicidios no distinguen banderas políticas. Las víctimas no eran oficialistas ni opositoras. Sus familias no preguntan de qué partido es quien las acompaña en el reclamo de justicia. El dolor no tiene color político.
La fragmentación permanente que atraviesa a la Argentina parece haber llegado también a las causas más nobles. Y eso debería preocuparnos. Porque cuando una sociedad no puede encontrar puntos de encuentro ni siquiera para condenar la violencia y honrar la memoria de las víctimas, la grieta deja de ser una discusión política para convertirse en un problema social profundo.
Nadie discute la legitimidad de cada convocatoria. Cada sector tiene derecho a expresarse y a organizar actividades. Lo preocupante es que las diferencias terminen siendo más visibles que el mensaje central. Que la foto de la división tenga más impacto que el reclamo de justicia.
Tal vez el verdadero homenaje a las víctimas sería que, al menos una vez al año, quienes piensan distinto puedan dejar de lado las disputas y encontrarse en un mismo lugar. No para compartir una ideología, sino para defender un principio básico: que ninguna mujer más sea víctima de la violencia.
Porque mientras la política sigue marcando diferencias, las ausencias siguen siendo las mismas. Y esas ausencias deberían ser motivo suficiente para caminar juntos, aunque sea por un día.
