MONSEÑOR CANECIN EN CURUZÚ CUATIÁ: “EN DIOS MIRAR ES AMAR; DIOS CUANDO MIRA, AMA”

El obispo de Goya presidió la misa central en honor a Nuestra Señora del Pilar y convocó a la comunidad a fortalecer la fe, vivir con esperanza y practicar el amor. Durante su homilía, reflexionó sobre los desafíos de la inteligencia artificial, la dignidad humana y las prioridades de la Iglesia diocesana.

La comunidad católica de Curuzú Cuatiá celebró la festividad de Nuestra Señora del Pilar con una misa central presidida por monseñor Adolfo Canecin, obispo de la Diócesis de Goya. Debido a las condiciones climáticas adversas, la celebración se realizó en el antiguo templo parroquial.

La ceremonia contó con la participación del párroco, presbítero Juan Carlos López; el párroco emérito, padre Norberto José Damelio; además de otros sacerdotes y diáconos de la ciudad.

Durante su homilía, Canecin invitó a los fieles a reflexionar sobre los desafíos del mundo actual y a renovar su compromiso con la fe cristiana, tomando como guía el ejemplo de María y la mirada amorosa de Dios.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA DIGNIDAD HUMANA

Uno de los temas centrales de la predicación fue el avance de la inteligencia artificial y las transformaciones que genera en distintos ámbitos de la sociedad.

El obispo destacó el documento Magnífica humanitas, del papa León XIV, dedicado a la dignidad humana en la era de la inteligencia artificial. En ese sentido, lo presentó como un aporte para reflexionar sobre los avances científicos y la necesidad de establecer criterios éticos que orienten su desarrollo.

“Estamos en el tiempo de la inteligencia artificial, con todas las posibilidades, pero también con los límites y los desafíos que son enormes en todos los ámbitos y en todos los aspectos”, expresó.

Asimismo, señaló que los avances científicos son fruto de la inteligencia humana, creada por Dios, pero advirtió que, cuando no existen límites ni orientaciones éticas adecuadas, sus consecuencias pueden terminar perjudicando al propio ser humano.

Frente a los cambios de época y a la crisis de civilización, monseñor Canecin invitó a los presentes a recurrir a la intercesión de Nuestra Señora del Pilar para pedir “fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor”.

JESUCRISTO, LOS JÓVENES Y UNA IGLESIA CERCANA

En otro tramo de su mensaje, el obispo se refirió a las tres prioridades del Plan Diocesano de Pastoral: la centralidad de Jesucristo, los jóvenes y una Iglesia en salida.

Al destacar la presencia juvenil durante la celebración, recordó la exhortación apostólica Christus vivit, del papa Francisco, y su mensaje principal: “Cristo vive, Cristo te quiere vivo”.

A partir de esa enseñanza, animó a la comunidad a seguir construyendo una Iglesia que coloque a Jesucristo en el centro de su vida y misión, que acompañe a los jóvenes en sus búsquedas y decisiones y que salga al encuentro de todas las personas, especialmente de quienes necesitan experimentar la cercanía y la misericordia de Dios.

El llamado estuvo orientado a fortalecer una comunidad comprometida con la realidad de las personas, capaz de escuchar, acompañar y ofrecer espacios de encuentro.

“LA MIRADA DE DIOS NO CONDENA NI DISCRIMINA”

Uno de los momentos más significativos de la homilía estuvo dedicado a la protección de la Virgen del Pilar sobre la comunidad de Curuzú Cuatiá.

“Qué lindo es que nosotros nos sintamos bajo la mirada de la Virgen del Pilar”, manifestó Canecin, antes de recordar una frase de san Juan de la Cruz que sintetizó el sentido de su reflexión: “En Dios mirar es amar”.

El obispo vinculó esta idea con el Magníficat, el cántico en el que María proclama que Dios miró la pequeñez de su servidora.

A partir de ese pasaje, explicó que la mirada divina no busca condenar ni señalar errores, sino reconocer el valor de cada persona y ofrecerle amor, libertad y dignidad.

“La mirada de Dios no condena ni discrimina, sino que ama, libera y dignifica. Dios mira, no juzga, no acusa, no echa en cara, no discrimina, no recrimina, no amenaza. En Dios mirar es amar; Dios cuando mira, ama”, afirmó.

UNA INVITACIÓN A SENTIRSE AMADOS POR DIOS

En el cierre de su predicación, monseñor Canecin alentó a los fieles a experimentar personalmente ese amor como un camino para sanar heridas, fortalecer la autoestima y vivir con mayor libertad.

También invitó a ponerse bajo la mirada de María y confiarle la vida, las preocupaciones y el camino de toda la comunidad.

La celebración en honor a Nuestra Señora del Pilar se convirtió así en una oportunidad para renovar la fe y recordar la importancia de construir vínculos basados en el amor, la dignidad y el respeto por cada persona.

El mensaje final del obispo fue una invitación a dejarse mirar y amar por Dios, reconocer el valor de quienes nos rodean y caminar como comunidad bajo la protección de la Virgen del Pilar.