
La inflación de agosto podría volver a quedar por debajo del 2%, según la mayoría de las mediciones privadas que se conocieron durante los últimos días. Las proyecciones se ubican entre 1,4% y 2,1%, después del 2,1% que registró oficialmente julio. Un dato se repite en buena parte de los relevamientos: los alimentos desaceleraron con fuerza durante el mes.
El resultado será seguido de cerca por el Gobierno, porque puede definir si el Índice de Precios al Consumidor (IPC) consigue perforar nuevamente la barrera del 2% mensual o si, por el contrario, la inflación empieza a mostrar un piso difícil de romper.
La principal dificultad estaría en aquellos componentes que tienen una dinámica más persistente, especialmente los servicios, las tarifas y otros precios con mayor inercia.
En julio, el IPC había registrado una suba del 2,1% mensual, por encima del 1,9% de junio. Ahora, las primeras estimaciones privadas sugieren que agosto podría mostrar una desaceleración.
Entre los pronósticos más bajos aparece el de Fundación Libertad y Progreso, que calculó una inflación del 1,4%. Agustín Etchebarne destacó que durante la tercera semana del mes el relevamiento llegó a registrar, de manera “sorprendente”, una deflación del 0,4%.
Por su parte, Eco Go llevó su estimación hasta el 1,6%. Desde la consultora explicaron que el principal motivo detrás de la desaceleración fue el comportamiento de los precios de los alimentos.
Sebastián Menescaldi, director asociado de Eco Go, remarcó que las primeras tres semanas presentaron registros particularmente bajos. “Las tres semanas que medimos tuvimos muy baja inflación, algo que nos sorprendió”, señaló. Esa evolución llevó a la consultora a revisar progresivamente hacia abajo su pronóstico.
Las estimaciones de Orlando Ferreres y Asociados y C&T Asesores Económicos coinciden en una inflación del 1,5%, mientras que Analytica proyecta un 1,7%.
C&T, además, calculó que la inflación de agosto alcanzó el 1,6% mensual en el Gran Buenos Aires, por debajo de los registros de junio y julio y en el nivel más bajo desde agosto del año pasado. Para encontrar variaciones similares, según la consultora, hay que retroceder hasta 2020, durante la pandemia.
La explicación se encuentra principalmente en el comportamiento de algunos precios estacionales. Después de las vacaciones de invierno, bajó la incidencia del turismo y también se desaceleró la indumentaria.
No todos los rubros, sin embargo, siguieron esa tendencia. Frutas y verduras volvieron a registrar aumentos importantes. En el caso de alimentos y bebidas, la suba fue del 1,7%. Vivienda se mantuvo alrededor del 2,5%, mientras que salud aumentó 2%.
El mayor incremento del mes correspondió a equipamiento y mantenimiento del hogar, impulsado principalmente por los salarios del servicio doméstico y los productos de limpieza.
EL MERCADO ESPERA QUE LA INFLACIÓN SIGA DEBAJO DEL 2%
Las proyecciones privadas, en líneas generales, están bastante alineadas con las expectativas que había recogido el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central.
La encuesta se realizó entre el 29 y el 31 de julio y reunió las respuestas de 45 participantes: 33 consultoras y centros de investigación y 12 entidades financieras.
El promedio de las estimaciones ubicó la inflación de agosto en 1,8% y proyectó otro 1,8% para septiembre. Para octubre se espera un 1,7%, para noviembre 1,6%, para diciembre 1,8% y para enero de 2027 1,7%.
De esta manera, el escenario que plantea el mercado supone que la inflación podría permanecer por debajo del 2% mensual durante el resto de 2026, aunque sin avanzar rápidamente hacia niveles cercanos a cero.
El REM también calculó una inflación aproximada del 29,8% para todo 2026. En tanto, la expectativa de inflación para los próximos doce meses publicada por el Banco Central mostró una mediana de 21,8% al cierre de julio.
EL 2% SIGUE SIENDO UNA BARRERA DIFÍCIL DE ROMPER
Una mirada más prudente aparece en el análisis de Qualy, que considera posible que agosto termine con una inflación similar al 2,1% de julio.
La consultora advierte que la fuerte desaceleración de los precios mayoristas no necesariamente significa que la inflación minorista esté encaminada hacia cero.
El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) aumentó apenas 0,8% en julio, mientras que el IPC avanzó 2,1%. La diferencia, según Qualy, tiene que ver con la composición de cada indicador.
Los precios mayoristas tienen una exposición mucho mayor a los bienes transables y al movimiento del tipo de cambio, mientras que el índice minorista tiene una participación importante de servicios y precios domésticos.
Y justamente allí aparece uno de los principales obstáculos para que la inflación continúe bajando con mayor velocidad.
Los servicios vienen aumentando por encima de los bienes y están siendo presionados, entre otros factores, por la recomposición de tarifas y precios regulados.
También existe otro factor que podría aparecer más adelante: el traslado de costos que algunos comercios todavía no hicieron completamente hacia los precios finales.
Durante los períodos de menor actividad, muchos comerciantes optaron por absorber parte de los aumentos de costos y reducir sus márgenes para evitar perder ventas. Pero esa estrategia tiene un límite.
Según Qualy, podría producirse un pass-through diferido, es decir, un traslado posterior de esos costos a los precios, cuando las empresas busquen recuperar rentabilidad.
Por eso, la consultora considera que durante los próximos meses la inflación podría encontrar una resistencia en torno al 1,5% y 2% mensual, en lugar de avanzar rápidamente hacia registros cercanos a cero.
LAS EXPECTATIVAS DE LOS CONSUMIDORES SIGUEN MUCHO MÁS ARRIBA
Mientras los economistas proyectan una desaceleración, la percepción de los consumidores muestra otra realidad.
La Encuesta de Expectativas de Inflación de la Universidad Torcuato Di Tella, realizada entre el 4 y el 13 de agosto, mostró que los hogares esperan una inflación del 3,55% en promedio durante los próximos 30 días, mientras que la mediana se ubicó en 3%.
Ambos valores se mantuvieron sin cambios respecto de julio.
La diferencia es importante: las expectativas de los consumidores prácticamente duplican algunas de las proyecciones privadas para la inflación efectiva de agosto.
Cuando el horizonte se extiende a doce meses, la inflación esperada por la población llegó al 35,7% promedio, apenas 0,1 punto porcentual menos que en julio. La mediana, en tanto, permaneció en 30%.
El relevamiento también mostró diferencias importantes según el nivel de ingresos.
Entre los hogares de mayores ingresos, la inflación anual esperada bajó del 36,6% al 33,1%. En los sectores de menores ingresos, en cambio, subió del 33,7% al 41,5%.
Así, la distancia entre ambos grupos llegó a 8,4 puntos porcentuales.
También se observaron diferencias según la región. Las expectativas de inflación para los próximos doce meses alcanzaron el 39,1% en el Gran Buenos Aires, el 37,4% en la Ciudad de Buenos Aires y el 33,9% en el Interior.
Agosto vuelve a poner a prueba, de esta manera, el proceso de desinflación. Por un lado, la desaceleración de los alimentos y la estabilidad de buena parte de los bienes generaron mediciones semanales particularmente bajas y llevaron a varias consultoras a reducir sus pronósticos.
Del otro lado, las tarifas, los servicios y los costos domésticos continúan funcionando como un piso para el IPC. Esa combinación explica por qué el mercado espera una inflación cercana o inferior al 2%, pero todavía no ve una caída rápida hacia valores próximos a cero.
Y hay otra variable que el Gobierno seguirá mirando con atención: las expectativas de la población. Mientras los especialistas proyectan para agosto registros ubicados aproximadamente entre 1,5% y 1,8%, los consumidores todavía imaginan aumentos cercanos al 3% mensual.
Achicar esa brecha será importante para determinar si la desaceleración de los precios puede transformarse en una tendencia más firme.
La apuesta oficial es llegar a las elecciones con una inflación mensual lo más cerca posible de cero. En esa estrategia también aparecen factores externos que, desde la mirada del Gobierno, podrían colaborar. Entre ellos figura una eventual baja del precio internacional del petróleo antes de las elecciones en Estados Unidos, bajo la hipótesis de que un costo elevado de la energía podría representar un problema político para Donald Trump.
La inflación de agosto podría volver a quedar por debajo del 2%, según la mayoría de las mediciones privadas que se conocieron durante los últimos días. Las proyecciones se ubican entre 1,4% y 2,1%, después del 2,1% que registró oficialmente julio. Un dato se repite en buena parte de los relevamientos: los alimentos desaceleraron con fuerza durante el mes.
El resultado será seguido de cerca por el Gobierno, porque puede definir si el Índice de Precios al Consumidor (IPC) consigue perforar nuevamente la barrera del 2% mensual o si, por el contrario, la inflación empieza a mostrar un piso difícil de romper.
La principal dificultad estaría en aquellos componentes que tienen una dinámica más persistente, especialmente los servicios, las tarifas y otros precios con mayor inercia.
En julio, el IPC había registrado una suba del 2,1% mensual, por encima del 1,9% de junio. Ahora, las primeras estimaciones privadas sugieren que agosto podría mostrar una desaceleración.
Entre los pronósticos más bajos aparece el de Fundación Libertad y Progreso, que calculó una inflación del 1,4%. Agustín Etchebarne destacó que durante la tercera semana del mes el relevamiento llegó a registrar, de manera “sorprendente”, una deflación del 0,4%.
Por su parte, Eco Go llevó su estimación hasta el 1,6%. Desde la consultora explicaron que el principal motivo detrás de la desaceleración fue el comportamiento de los precios de los alimentos.
Sebastián Menescaldi, director asociado de Eco Go, remarcó que las primeras tres semanas presentaron registros particularmente bajos. “Las tres semanas que medimos tuvimos muy baja inflación, algo que nos sorprendió”, señaló. Esa evolución llevó a la consultora a revisar progresivamente hacia abajo su pronóstico.
Las estimaciones de Orlando Ferreres y Asociados y C&T Asesores Económicos coinciden en una inflación del 1,5%, mientras que Analytica proyecta un 1,7%.
C&T, además, calculó que la inflación de agosto alcanzó el 1,6% mensual en el Gran Buenos Aires, por debajo de los registros de junio y julio y en el nivel más bajo desde agosto del año pasado. Para encontrar variaciones similares, según la consultora, hay que retroceder hasta 2020, durante la pandemia.
La explicación se encuentra principalmente en el comportamiento de algunos precios estacionales. Después de las vacaciones de invierno, bajó la incidencia del turismo y también se desaceleró la indumentaria.
No todos los rubros, sin embargo, siguieron esa tendencia. Frutas y verduras volvieron a registrar aumentos importantes. En el caso de alimentos y bebidas, la suba fue del 1,7%. Vivienda se mantuvo alrededor del 2,5%, mientras que salud aumentó 2%.
El mayor incremento del mes correspondió a equipamiento y mantenimiento del hogar, impulsado principalmente por los salarios del servicio doméstico y los productos de limpieza.
EL MERCADO ESPERA QUE LA INFLACIÓN SIGA DEBAJO DEL 2%
Las proyecciones privadas, en líneas generales, están bastante alineadas con las expectativas que había recogido el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central.
La encuesta se realizó entre el 29 y el 31 de julio y reunió las respuestas de 45 participantes: 33 consultoras y centros de investigación y 12 entidades financieras.
El promedio de las estimaciones ubicó la inflación de agosto en 1,8% y proyectó otro 1,8% para septiembre. Para octubre se espera un 1,7%, para noviembre 1,6%, para diciembre 1,8% y para enero de 2027 1,7%.
De esta manera, el escenario que plantea el mercado supone que la inflación podría permanecer por debajo del 2% mensual durante el resto de 2026, aunque sin avanzar rápidamente hacia niveles cercanos a cero.
El REM también calculó una inflación aproximada del 29,8% para todo 2026. En tanto, la expectativa de inflación para los próximos doce meses publicada por el Banco Central mostró una mediana de 21,8% al cierre de julio.
EL 2% SIGUE SIENDO UNA BARRERA DIFÍCIL DE ROMPER
Una mirada más prudente aparece en el análisis de Qualy, que considera posible que agosto termine con una inflación similar al 2,1% de julio.
La consultora advierte que la fuerte desaceleración de los precios mayoristas no necesariamente significa que la inflación minorista esté encaminada hacia cero.
El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) aumentó apenas 0,8% en julio, mientras que el IPC avanzó 2,1%. La diferencia, según Qualy, tiene que ver con la composición de cada indicador.
Los precios mayoristas tienen una exposición mucho mayor a los bienes transables y al movimiento del tipo de cambio, mientras que el índice minorista tiene una participación importante de servicios y precios domésticos.
Y justamente allí aparece uno de los principales obstáculos para que la inflación continúe bajando con mayor velocidad.
Los servicios vienen aumentando por encima de los bienes y están siendo presionados, entre otros factores, por la recomposición de tarifas y precios regulados.
También existe otro factor que podría aparecer más adelante: el traslado de costos que algunos comercios todavía no hicieron completamente hacia los precios finales.
Durante los períodos de menor actividad, muchos comerciantes optaron por absorber parte de los aumentos de costos y reducir sus márgenes para evitar perder ventas. Pero esa estrategia tiene un límite.
Según Qualy, podría producirse un pass-through diferido, es decir, un traslado posterior de esos costos a los precios, cuando las empresas busquen recuperar rentabilidad.
Por eso, la consultora considera que durante los próximos meses la inflación podría encontrar una resistencia en torno al 1,5% y 2% mensual, en lugar de avanzar rápidamente hacia registros cercanos a cero.
LAS EXPECTATIVAS DE LOS CONSUMIDORES SIGUEN MUCHO MÁS ARRIBA
Mientras los economistas proyectan una desaceleración, la percepción de los consumidores muestra otra realidad.
La Encuesta de Expectativas de Inflación de la Universidad Torcuato Di Tella, realizada entre el 4 y el 13 de agosto, mostró que los hogares esperan una inflación del 3,55% en promedio durante los próximos 30 días, mientras que la mediana se ubicó en 3%.
Ambos valores se mantuvieron sin cambios respecto de julio.
La diferencia es importante: las expectativas de los consumidores prácticamente duplican algunas de las proyecciones privadas para la inflación efectiva de agosto.
Cuando el horizonte se extiende a doce meses, la inflación esperada por la población llegó al 35,7% promedio, apenas 0,1 punto porcentual menos que en julio. La mediana, en tanto, permaneció en 30%.
El relevamiento también mostró diferencias importantes según el nivel de ingresos.
Entre los hogares de mayores ingresos, la inflación anual esperada bajó del 36,6% al 33,1%. En los sectores de menores ingresos, en cambio, subió del 33,7% al 41,5%.
Así, la distancia entre ambos grupos llegó a 8,4 puntos porcentuales.
También se observaron diferencias según la región. Las expectativas de inflación para los próximos doce meses alcanzaron el 39,1% en el Gran Buenos Aires, el 37,4% en la Ciudad de Buenos Aires y el 33,9% en el Interior.
Agosto vuelve a poner a prueba, de esta manera, el proceso de desinflación. Por un lado, la desaceleración de los alimentos y la estabilidad de buena parte de los bienes generaron mediciones semanales particularmente bajas y llevaron a varias consultoras a reducir sus pronósticos.
Del otro lado, las tarifas, los servicios y los costos domésticos continúan funcionando como un piso para el IPC. Esa combinación explica por qué el mercado espera una inflación cercana o inferior al 2%, pero todavía no ve una caída rápida hacia valores próximos a cero.
Y hay otra variable que el Gobierno seguirá mirando con atención: las expectativas de la población. Mientras los especialistas proyectan para agosto registros ubicados aproximadamente entre 1,5% y 1,8%, los consumidores todavía imaginan aumentos cercanos al 3% mensual.
Achicar esa brecha será importante para determinar si la desaceleración de los precios puede transformarse en una tendencia más firme.
La apuesta oficial es llegar a las elecciones con una inflación mensual lo más cerca posible de cero. En esa estrategia también aparecen factores externos que, desde la mirada del Gobierno, podrían colaborar. Entre ellos figura una eventual baja del precio internacional del petróleo antes de las elecciones en Estados Unidos, bajo la hipótesis de que un costo elevado de la energía podría representar un problema político para Donald Trump.






