La inflación puede haberse ubicado en niveles más moderados que los registrados durante los períodos de mayor aumento de precios, pero para muchas familias del Nordeste argentino el alivio todavía no aparece en el bolsillo. El último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) mostró que la región acumuló una suba del costo de vida del 22,3% durante los primeros siete meses del año, la cifra más alta entre las regiones del país.
En julio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) marcó un incremento del 2% para el NEA. Si se toma el último año, la inflación regional llegó al 36,9%.
El dato mensual puede parecer relativamente contenido, pero el acumulado permite ver otra parte de la historia: los precios continúan aumentando sobre una base que ya viene cargada de incrementos anteriores. Y en los hogares, esa situación se nota especialmente al momento de hacer las compras.
LOS ALIMENTOS, POR ENCIMA DE LA INFLACIÓN GENERAL
Uno de los números que más pesa en la economía cotidiana aparece en el rubro alimentos y bebidas no alcohólicas.
Durante los primeros siete meses del año, estos productos aumentaron 23,2% en el NEA, por encima del 22,3% registrado por la inflación general. En la comparación interanual, el incremento llegó al 40,7%.
La diferencia entre ambos porcentajes puede parecer menor a primera vista, pero tiene un efecto concreto. La comida es uno de los gastos que una familia no puede simplemente postergar y, además, ocupa una parte mucho mayor del presupuesto de los hogares con menores ingresos.
Por eso, cuando los alimentos avanzan por encima del promedio general, la pérdida de poder de compra se siente todavía más.
Durante julio también se registraron aumentos importantes en distintos grupos de productos que forman parte de la alimentación diaria. Así, la compra de productos básicos volvió a convertirse en uno de los principales puntos de presión para las familias de la región.
CUÁNTO NECESITA UNA FAMILIA PARA NO SER POBRE
Las canastas básicas permiten traducir esta situación a cifras concretas.
En julio, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.564.716 mensuales para superar la línea de pobreza. Para cubrir únicamente el costo de la Canasta Básica Alimentaria y no quedar debajo de la línea de indigencia, necesitó $708.016.
Durante ese mismo mes, la Canasta Básica Total (CBT) aumentó 2,2%, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró una suba del 2,6%.
La diferencia no es menor. La CBA contempla exclusivamente los alimentos necesarios para cubrir los requerimientos básicos, mientras que la CBT incorpora además otros bienes y servicios esenciales. El aumento de ambas canastas muestra cuánto dinero necesita una familia para sostener un nivel mínimo de consumo en un escenario donde los precios siguen avanzando.
EL SALARIO TAMBIÉN PIERDE TERRENO
El otro lado de la ecuación son los ingresos.
Según los datos oficiales difundidos esta semana, el poder adquisitivo de los trabajadores del sector privado formal cayó 0,9% en junio, después de haber retrocedido 2,9% en mayo.
Con esas variaciones, el salario medio real quedó 0,6% por debajo del nivel registrado en noviembre de 2023.
El comportamiento, de todos modos, no fue igual para todas las actividades. Algunos sectores consiguieron mejoras reales a través de sus convenios, entre ellos encargados de edificio y camioneros. En otros casos, la pérdida fue mucho más fuerte.
En la comparación interanual, los trabajadores textiles registraron una caída real del 12,6%, los metalúrgicos del 12,4% y los empleados de comercio del 11%.
Esto ayuda a explicar por qué una inflación mensual cercana al 2% no necesariamente significa que la situación económica de los hogares haya mejorado. El problema no está solamente en cuánto aumentan los precios, sino también en cuánto pueden comprar los salarios.
Cuando los ingresos avanzan por debajo de la inflación, el poder adquisitivo continúa deteriorándose, incluso si el ritmo de aumento de los precios es menor que en otros momentos.
UNA PRESIÓN QUE SE SIENTE EN EL DÍA A DÍA
En el Nordeste, la combinación resulta especialmente marcada. La región registra la inflación acumulada más alta del país, los alimentos aumentan por encima del promedio general, las canastas básicas requieren cada vez más ingresos y una parte importante de los salarios todavía no consigue recuperar el terreno perdido.
Detrás del 22,3% acumulado en siete meses hay, entonces, una realidad mucho más concreta que una cifra estadística.
Está en el precio de llenar el changuito, en el dinero que hace falta para llegar a fin de mes y en lo que queda disponible después de pagar comida, vivienda, transporte y servicios.
Julio dejó una señal doble. Por un lado, la inflación mensual parece haberse mantenido alrededor del 2%. Pero eso no significa que el costo de vida haya dejado de subir.
En el NEA, los precios siguen acumulando aumentos y los alimentos continúan ejerciendo una presión mayor que el promedio. Mientras tanto, muchos trabajadores todavía esperan que sus ingresos puedan recuperar el poder de compra que perdieron.





