Finalizado el Mundial, este miércoles volvió a activarse la agenda de protestas de la oposición con una nueva movilización de jubilados frente al Congreso. La convocatoria contó con el acompañamiento de la CGT, las dos CTA, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), ATE Capital, agrupaciones de izquierda y representantes vinculados al gobernador bonaerense Axel Kicillof.
El principal reclamo fue la mejora de los haberes jubilatorios. Desde julio, la jubilación mínima se actualizó de $403.302,81 a $411.989, mientras que con el bono extraordinario de $70.000, congelado desde el inicio de la gestión de Javier Milei, el ingreso total asciende a $481.989. Durante la manifestación, los participantes calificaron esa cifra como insuficiente y la definieron como una “miseria”.
Aunque la convocatoria no fue multitudinaria, marcó el regreso de distintos sectores opositores a las calles. Varios dirigentes señalaron que las protestas podrían intensificarse en las próximas semanas. Entre quienes participaron estuvo el secretario adjunto de Camioneros, Pablo Moyano, junto a referentes sindicales y políticos de distintos espacios.
También estuvieron presentes los integrantes del triunvirato de la CGT Jorge Sola, Octavio Argüello y Cristian Jerónimo; además de Juan Carlos Schmid, Julio Piumato, Maia Volcovinsky, Hugo Yasky, Hugo Godoy, Alejandro Gramajo, Mario Manrique, Roberto Baradel, Daniel Catalano y el ministro de Trabajo bonaerense Walter Correa, en representación del gobierno provincial y del Movimiento Derecho al Futuro.
Jorge Sola explicó que la CGT decidió acompañar el reclamo de los jubilados porque considera que la situación del sector es una prioridad. Además de exigir una recomposición de los haberes, reclamó mejoras en las prestaciones del PAMI y cuestionó la eliminación del programa Volver al Trabajo, del que dependían más de 900.000 personas.
El dirigente confirmó que la central obrera continuará respaldando distintos conflictos sociales y adelantó que participará de la tradicional marcha de San Cayetano del 7 de agosto, que tendría como cierre un acto en Plaza de Mayo. También anunció futuras movilizaciones al Ministerio de Economía por el endeudamiento de las familias trabajadoras y una gran marcha federal en los próximos meses.
Sola sostuvo además que la relación entre la CGT y el Gobierno es “distante y esquiva”, y acusó al oficialismo de considerar al sindicalismo como un adversario político en lugar de un representante de los trabajadores. Asimismo, cuestionó el rumbo económico de la actual gestión al señalar que se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo, cerraron más de 23.000 pymes y se profundizó la informalidad laboral, además del deterioro del sistema de salud y la pérdida del poder adquisitivo.
La movilización de los jubilados, que durante el inicio del gobierno libertario fue escenario de varios enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, había perdido convocatoria en los últimos meses. Sin embargo, la presencia de las columnas sindicales volvió a darle mayor volumen y reunió nuevamente a distintos sectores de la oposición en una misma protesta.
Con el Congreso completamente vallado, la CGT se concentró sobre la avenida Rivadavia, frente al Cine Gaumont, detrás de una bandera con la consigna: “La seguridad social es un derecho, no un privilegio”. Desde allí realizaron la tradicional vuelta a la plaza, sin discursos ni lectura de documentos.
Una vez finalizada esa actividad, marcharon las columnas del Polo Obrero, Partido Obrero, MST y SUTNA, que realizaron un acto en el que reclamaron una huelga general y pidieron que la CGT y las CTA profundicen las medidas de fuerza frente a las reformas impulsadas por el Gobierno. Entre los dirigentes presentes estuvieron Myriam Bregman, Cristian Castillo, Vilma Ripoll, Nicolás del Caño, Néstor Pitrola, Gabriel Solano y Celeste Fierro.
Durante la jornada también participaron agrupaciones de clubes de fútbol, se desplegaron numerosas banderas argentinas y hubo expresiones de apoyo a la causa Malvinas, en alusión a la bandera con la leyenda “Son argentinas” que la Selección nacional mostró tras la semifinal del Mundial frente a Inglaterra.
En paralelo, organizaciones sociales y piqueteras realizaron protestas en distintos puntos del país. Uno de los focos de conflicto se registró en el Puente Pueyrredón, donde integrantes de la UTEP y el Polo Obrero intentaron avanzar hacia la Ciudad de Buenos Aires para sumarse a la movilización frente al Congreso, lo que derivó en incidentes con las fuerzas de seguridad.
El conflicto también estuvo relacionado con la decisión del Gobierno nacional de eliminar definitivamente el programa Volver al Trabajo —antes denominado Potenciar Trabajo—, que otorgaba un ingreso mensual de $78.000 a unas 900.000 personas, para reemplazarlo por un sistema de vouchers destinados a capacitación.
La medida, impulsada por el Ministerio de Desarrollo Humano que conduce Sandra Pettovello, quedó firme luego de que la Cámara Federal de San Martín revocara una medida cautelar que beneficiaba a las organizaciones sociales. Desde la UTEP señalaron que ahora será la Corte Suprema la que tendrá la última palabra sobre el tema.










