Viajar es como jugar a la ruleta rusa. La situación en la provincia es alarmante, también afecta al comercio internacional con brasil y uruguay.
El estado crítico de las rutas nacionales que atraviesan Corrientes volvió a encender las alarmas y reavivar un reclamo que la Provincia sostiene desde hace años ante el gobierno nacional. La falta de mantenimiento, la paralización de la obra pública y el deterioro acelerado de las calzadas no solo afectan la producción y el turismo, sino que también ponen en riesgo la vida de miles de conductores que transitan a diario por estos corredores estratégicos.

Un reciente informe técnico de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina) advierte que entre el 65 % y el 70 % de la red vial nacional se encuentra en estado regular o malo. El documento, que denuncia un “desmantelamiento institucional” y una situación de “emergencia vial”, señala que el abandono del mantenimiento preventivo agravó la siniestralidad, con un aumento interanual del 14 % en las víctimas fatales por accidentes de tránsito.
En Corrientes, ese diagnóstico nacional se refleja con crudeza en rutas clave como la Nacional 12 y la 14, dos arterias fundamentales para la economía regional, la integración con otras provincias y el vínculo internacional con Brasil y Uruguay. Desde hace tiempo, intendentes, empresarios, cámaras de transporte y el propio Gobierno provincial vienen alertando sobre un deterioro que, lejos de revertirse, se profundiza.
La Ruta Nacional 12, que une Ituzaingó con Gobernador Virasoro y conecta zonas forestales, industriales y turísticas, presenta tramos con severo desgaste de la calzada, baches profundos y deformaciones producto del tránsito pesado. El paso constante de camiones vinculados a la actividad forestal terminó por destruir sectores enteros de la ruta, generando zonas prácticamente intransitables y maniobras riesgosas para los conductores.
La situación no es distinta en la Ruta Nacional 14, corredor clave del Mercosur, utilizada tanto por el transporte de cargas como por el turismo. Empresarios y municipios del interior correntino advierten desde hace años que la falta de obras estructurales y el mantenimiento insuficiente convierten a esta traza en un escenario permanente de accidentes, con calzadas fatigadas, banquinas deterioradas y señalización deficiente.
A estas rutas se suman otros puntos críticos del mapa vial correntino. La Ruta Nacional 121, que conecta con el puente internacional Santo Tomé–San Borja, presenta una falla estructural severa, con ahuellamiento profundo que ya no admite simples tareas de bacheo y requiere una reconstrucción integral. Se trata de un paso estratégico para el comercio internacional, hoy afectado por un colapso progresivo de la infraestructura.
Otro “punto rojo” es la Ruta Nacional 119, especialmente en cercanías de Curuzú Cuatiá, donde la combinación de tránsito pesado y flujo turístico circula sobre una calzada con grietas, deformaciones y bordes rotos. La falta de obras de fondo incrementa el riesgo de despistes y choques, en un tramo largamente señalado por su peligrosidad.
Desde los municipios correntinos advierten que el deterioro vial impacta de lleno en las economías locales. El mal estado de las rutas encarece el transporte, dificulta la llegada de turistas y afecta la competitividad de las producciones regionales. A la vez, obliga a los gobiernos locales a atender emergencias viales que exceden sus competencias y presupuestos.
El reclamo provincial apunta a una deuda histórica de la Nación con Corrientes en materia de infraestructura vial. Las obras prometidas se demoran o quedan paralizadas, mientras el desgaste de las rutas se acelera por el paso del tiempo y el aumento del tránsito pesado. En ese contexto, los parches y bacheos temporales resultan insuficientes y, en muchos casos, ineficaces.
El informe de los trabajadores viales advierte que esta situación no es aislada, sino parte de un problema estructural que atraviesa a todo el país. Sin embargo, en provincias como Corrientes, donde las rutas nacionales son la principal vía de conexión y desarrollo, el impacto es aún mayor.
Con cada accidente y cada tramo destruido, el reclamo se vuelve más urgente. Para conductores, transportistas y familias correntinas, viajar por rutas nacionales se ha transformado, como advierten los propios técnicos, en una verdadera “ruleta rusa”. Una realidad que expone la necesidad impostergable de inversión, planificación y respuestas concretas por parte del Estado nacional antes de que el deterioro siga cobrando vidas.




