El barrio Scófano volvió a encontrarse alrededor de su fe este viernes para celebrar la fiesta de San Agustín, en una jornada que tuvo como momentos centrales la procesión y la celebración de la misa en la pequeña comunidad ubicada en pasaje Alem 255, entre Perú y Chile.
La celebración comenzó con la procesión. Los fieles recorrieron las calles acompañando las imágenes de San Agustín y Santa Mónica, junto con banderas, estandartes y representaciones de otros santos. Fue una expresión sencilla, pero cargada de significado, de una comunidad que vive su fe de manera compartida.
Luego tuvo lugar la celebración eucarística, presidida por el padre Miguel Galeano. Durante su homilía, el sacerdote recordó la historia de conversión de San Agustín y puso especial atención en el testimonio de su madre, Santa Mónica, cuya perseverancia tuvo un papel fundamental en ese camino.
UNA FE QUE SE CAMINA EN COMUNIDAD
A partir del mensaje del Sínodo de la Sinodalidad, el padre Galeano planteó que la historia de San Agustín también invita a mirar la fe como un camino que no se transita en soledad.
La escucha, el acompañamiento, la oración y la vida comunitaria aparecen, en ese sentido, como herramientas para buscar la verdad y volver el corazón hacia Dios.
Con ese espíritu, la comunidad del barrio Scófano aprovechó la celebración para renovar su compromiso de continuar caminando unida como Iglesia, desde la participación y la misión compartida.
La figura de San Agustín quedó así como una referencia para esta pequeña comunidad: la certeza de que el corazón encuentra su verdadera plenitud cuando se abre a Dios y, al mismo tiempo, al encuentro fraterno con los demás.




