SACERDOTES DE LA DIÓCESIS DE GOYA RENOVARON SU COMPROMISO CON LA SINODALIDAD DURANTE UNA SEMANA DE FORMACIÓN

Durante varios días, el clero de la Diócesis de Goya hizo una pausa en su tarea cotidiana para encontrarse, rezar, reflexionar y profundizar en uno de los desafíos que atraviesa actualmente a la Iglesia: el camino de la sinodalidad.

La Semana de Formación Permanente del Clero Diocesano se desarrolló la semana pasada en la casa de ejercicios espirituales San Liborio, en la localidad correntina de Solari. Las jornadas estuvieron acompañadas por el obispo diocesano, monseñor Adolfo Ramón Canecín, y contaron con la participación de la hermana licenciada Mariana Gonzáles, de las Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús e integrante del equipo regional para Latinoamérica de la Espiritualidad Sinodal.

El encuentro se desarrolló en un clima marcado por la oración, la fraternidad y la escucha. Durante las mañanas, los sacerdotes se abocaron especialmente a la formación espiritual vinculada con la sinodalidad y tuvieron también espacios personales destinados a la reflexión.

Por las tardes, el trabajo adquirió un carácter más comunitario. El intercambio entre los sacerdotes permitió compartir experiencias, poner en común distintas miradas y avanzar en momentos de discernimiento.

ESCUCHAR, CAMINAR JUNTOS Y DISCERNIR

Uno de los ejes centrales de la semana fue la Espiritualidad Sinodal. A partir de allí se abordaron distintos aspectos relacionados con la vida y la misión de los sacerdotes, entre ellos la kenosis del pastor, las nuevas espiritualidades y la invitación a “beber del mismo pozo”.

Esta última propuesta permitió recuperar especialmente la riqueza espiritual y pastoral del primer obispo de la Diócesis de Goya, monseñor Alberto Devoto, cuya figura continúa siendo una referencia para la comunidad diocesana.

Otro de los momentos importantes estuvo relacionado con la denominada conversación en el Espíritu. La práctica fue presentada como una manera de aprender a escucharse mutuamente y, desde esa escucha, buscar juntos aquello que el Espíritu Santo va suscitando en la Iglesia.

Los sacerdotes también dedicaron parte de las jornadas a conocer y reflexionar sobre las orientaciones para la etapa de implementación del camino sinodal.

En ese recorrido, la Eucaristía ocupó un lugar central, entendida como fuente y culmen de una Iglesia llamada a crecer en comunión, participación y misión.

UNA INVITACIÓN A LLEVAR LA SINODALIDAD A CADA COMUNIDAD

Al finalizar la semana, monseñor Canecí puso el acento en la profundidad que implica buscar y hacer la voluntad de Dios.

El obispo invitó a los sacerdotes a vivir la sinodalidad en sus propias tareas pastorales y, al mismo tiempo, a ayudar a que pueda ser asumida en cada departamento y comunidad de la diócesis.

La propuesta, explicó, no debe entenderse solamente como una actividad o una metodología puntual, sino como una manera concreta de ser Iglesia y de vivir la misión de Cristo.

El cierre de la Semana de Formación Permanente también sirvió para mirar hacia los próximos compromisos pastorales. Durante el encuentro, los sacerdotes comenzaron a organizar la Misión de la Reconciliación, prevista para los días 1 y 2 de septiembre en el departamento de Curuzú Cuatiá.

LA EUCARISTÍA COMO CIERRE Y ENVÍO

La última jornada tuvo como centro la celebración de la Eucaristía, presidida por monseñor Canecín y concelebrada por los sacerdotes.

La celebración funcionó como acción de gracias por los días compartidos, pero también como un nuevo envío. Después de ese tiempo de encuentro y formación, cada sacerdote regresó a su departamento y a su parroquia con el desafío de llevar lo trabajado a las comunidades.

Así, la Semana de Formación Permanente se convirtió en un espacio para algo que va más allá de la capacitación. Fue también un tiempo de oración, fraternidad, escucha y reflexión, pensado para renovar la entrega al servicio del Pueblo de Dios y fortalecer los vínculos dentro de un presbiterio que busca avanzar unido en la misión.