Un fuerte temporal mantiene en vilo a Chile y ya dejó un saldo de al menos cuatro personas fallecidas, miles de evacuados y más de 400.000 hogares sin servicio eléctrico. La región de Valparaíso fue declarada en alerta roja debido al impacto de lluvias extraordinarias y vientos que llegaron a alcanzar los 160 kilómetros por hora.
De acuerdo con la Dirección Meteorológica de Chile, se trata de uno de los fenómenos climáticos más intensos registrados en los últimos años. El sistema afectó a diez de las 16 regiones del país, aunque Valparaíso fue el sector más castigado, con precipitaciones que superaron los 140 milímetros en menos de 48 horas.
Las intensas lluvias provocaron inundaciones, calles anegadas, fuertes marejadas y cortes masivos de energía. Ante el riesgo de desbordes en esteros como el Marga Marga y el Quilpué, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres activó la máxima alerta y dispuso la evacuación de varias poblaciones cercanas.
Además, las autoridades alertaron sobre la posibilidad de aluviones y deslizamientos de tierra tanto en la costa como en sectores cordilleranos de la región.
El frente de tormenta avanzó desde el centro-sur hacia el norte del país, dejando embarcaciones encalladas y daños en infraestructura urbana y rural. Los equipos de emergencia reforzaron los controles en las zonas con mayor riesgo de inundaciones, derrumbes y remociones de tierra.
El balance oficial indicó que más de 400.000 viviendas quedaron sin electricidad, principalmente en Valparaíso y La Araucanía. También se registró un centenar de casas destruidas o con importantes daños materiales.
La situación obligó a seguir de cerca la evolución del temporal en la región de Atacama, recordada por los devastadores aluviones de 2015. Allí, los organismos de emergencia prepararon operativos ante la posibilidad de nuevas crecidas y desbordes.
El director de la Dirección Meteorológica de Chile, Gastón Torres, señaló que la magnitud y el alcance de este tren de sistemas frontales, asociado al fenómeno de El Niño, convierten a este episodio en uno de los más importantes desde que existen registros.
El antecedente más cercano ocurrió en agosto de 2024, cuando otro temporal dejó tres víctimas fatales y más de 1,2 millones de hogares afectados por cortes de energía.
En Viña del Mar se produjo una de las situaciones más dramáticas. Dos hermanos y una tercera persona murieron dentro de un hostel que permanecía sin electricidad. La principal hipótesis apunta a una intoxicación causada por un generador de ozono que había sido instalado dentro del edificio para eliminar la humedad generada por las lluvias.
Bomberos y efectivos de la Policía de Investigaciones realizaron las pericias correspondientes, mientras el lugar permaneció cercado y sin suministro eléctrico.
En la región de Coquimbo, las lluvias dejaron aisladas a más de 2.500 personas en la ciudad de Coquimbo y también afectaron a las provincias de Choapa, Limarí y Elqui. El delegado presidencial, Víctor Pino, pidió el envío de más personal militar para fortalecer las tareas de asistencia y logística, además de habilitar refugios en casi todas las comunas para recibir a quienes debieron abandonar sus hogares.
La ayuda de vecinos y familiares fue clave para asistir a los damnificados. Hasta el último informe oficial, no se habían registrado fallecidos en Coquimbo, aunque sí se contabilizaron más de 200 viviendas con daños leves y una destruida por completo. En esa zona, las fuertes ráfagas derribaron postes de electricidad, árboles y hasta una grúa de gran tamaño.
En Santiago, varias familias de Talagante tuvieron que evacuar por la amenaza de una crecida del río Mapocho. Más al sur, la región del Biobío también sufrió importantes consecuencias. El presidente José Antonio Kast recorrió personalmente las áreas más afectadas, destacó el trabajo conjunto entre los distintos organismos y afirmó que esta emergencia deja importantes enseñanzas sobre la habitabilidad de determinadas zonas del país.
Frente a la gravedad del panorama, el Gobierno declaró el estado de emergencia preventivo, movilizó recursos en distintas regiones y concentró los esfuerzos en proteger a la población y asistir a los damnificados. Mientras las lluvias continúan, el centro y sur de Chile enfrentan uno de los inviernos más extremos de los últimos años, con precipitaciones excepcionales que volvieron a poner a prueba la capacidad de respuesta ante desastres naturales.



