El párroco y rector de la Iglesia Catedral de Goya, padre Ariel Giménez, brindó una charla titulada “La cremación y las cenizas de los difuntos: Una mirada cristiana desde la fe de la Iglesia”, desarrollada en el salón Padre Tomás de la casa parroquial.
Durante la exposición, el sacerdote respondió a las consultas más habituales que suelen plantear las familias respecto de la cremación y el destino que deben tener las cenizas de sus seres queridos.
En ese marco, explicó los principales criterios establecidos en la instrucción Ad resurgendum cum Christo (“Para resucitar con Cristo”), documento elaborado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobado por el Papa Francisco en 2016.
El padre Giménez recordó que la Iglesia siempre ha considerado al cuerpo humano con profunda dignidad y respeto, ya que no lo entiende como una simple “carcasa”, sino como parte esencial de la persona.
Asimismo, señaló que la cremación estuvo prohibida en otros tiempos cuando era utilizada como una forma de negar la fe en la resurrección. Sin embargo, indicó que desde 1963, el Papa Paulo VI autorizó esta práctica por razones sanitarias o de carácter práctico.
“El inconveniente no es la cremación en sí, sino realizarla con la intención de afirmar: ‘no creo en la vida eterna’”, explicó el sacerdote, quien subrayó además que Dios puede resucitar a una persona aunque su cuerpo haya sido cremado.
También hizo hincapié en que las cenizas deben ser depositadas en un lugar sagrado, como un cementerio, una parroquia o un cinerario, espacios destinados a preservar la memoria y la oración por los difuntos.
En ese sentido, manifestó que la Iglesia no aconseja conservar las cenizas en los hogares ni esparcirlas en ríos, campos u otros espacios naturales, ya que el proceso humano y espiritual del duelo requiere contar con un sitio concreto donde recordar y asumir la ausencia física del ser querido.
Además, advirtió que la práctica de dispersar las cenizas suele estar vinculada a creencias ajenas a la doctrina cristiana, como la idea de que la persona “se funde con el universo”. Frente a ello, recordó que la fe cristiana sostiene que la persona continúa viviendo en la presencia de Dios.
La jornada concluyó con la participación de María Inés Sánchez, gerente del crematorio local.
Al cierre del encuentro, se destacó el valor del cinerario parroquial como un símbolo de esperanza y de comunión para toda la comunidad. Asimismo, se señaló que depositar allí las cenizas representa un auténtico acto de fe y una obra de misericordia, ya que garantiza el recuerdo permanente y la oración de toda la Iglesia por los difuntos.



