Un informe elaborado por especialistas del INTA Corrientes encendió las alarmas al señalar una probabilidad del 98% de que el fenómeno climático El Niño se desarrolle con gran intensidad durante 2026, generando un escenario de fuerte impacto para la provincia y especialmente para el sector agropecuario.
De acuerdo con el estudio, los modelos climáticos muestran una rápida evolución del fenómeno, con altas probabilidades de consolidarse entre mayo y julio de 2026 y mantenerse en niveles elevados durante gran parte del año. Los investigadores advierten que podría tratarse de un evento comparable a los registrados en los períodos más críticos de las últimas décadas.
Para evaluar las posibles consecuencias, los especialistas tomaron como referencia el fenómeno ocurrido entre 1997 y 1998, cuando lluvias extraordinarias provocaron que cerca del 58% del territorio correntino quedara bajo agua. En contraste, actualmente la superficie inundada ronda el 20%, aunque esa situación podría modificarse drásticamente si se repiten condiciones similares.
El trabajo técnico estima que más de 3,3 millones de hectáreas que hoy permanecen secas podrían verse afectadas por anegamientos debido a la expansión de lagunas, esteros y bañados.
Entre los departamentos con mayor riesgo potencial aparecen San Martín, Goya y Santo Tomé, mientras que también preocupa la situación de Ituzaingó y Concepción por su estrecha relación con el sistema de los Esteros del Iberá.
Los expertos señalan que el principal impacto recaería sobre la producción agropecuaria. El exceso de precipitaciones podría reducir rendimientos, favorecer la aparición de enfermedades en los cultivos y afectar la calidad de la producción. Además, la ganadería enfrentaría riesgos importantes, incluyendo pérdidas de hacienda y complicaciones en establecimientos ubicados en zonas bajas.
A esto se suma la posibilidad de daños en caminos rurales e infraestructura, lo que dificultaría la logística y el acceso a distintas áreas productivas.
Si bien los especialistas recomiendan seguir monitoreando la evolución del fenómeno debido a las limitaciones propias de los pronósticos climáticos a largo plazo, consideran que las señales actuales justifican la puesta en marcha de planes de prevención, seguimiento y contingencia para minimizar posibles consecuencias.


