El obispo de Goya, monseñor Adolfo Ramón Canecin, expresó su respaldo al pedido de la Comisión Episcopal de Pastoral Social para que el Senado de la Nación retome de manera urgente el tratamiento del proyecto de ley destinado a prevenir la ludopatía y regular los juegos de azar y las apuestas en línea.
La carta, dirigida a la presidenta del Senado, Victoria Villarruel, y a los senadores nacionales, fue difundida por el Obispado de Goya a través de los medios de comunicación social de la diócesis.
El planteo pone especial atención en los riesgos que las apuestas representan para niños, adolescentes y jóvenes, y advierte que el proyecto podría perder estado parlamentario en noviembre si no se retoma su tratamiento.
UNA PREOCUPACIÓN QUE CRECE DESDE HACE DOS AÑOS
En el documento, la Comisión Episcopal de Pastoral Social recordó que viene reclamando medidas concretas desde hace más de dos años, junto con las pastorales sociales de distintas partes del país.
En julio de 2024, bajo la consigna “Apostar no es un juego”, la Iglesia advirtió sobre el crecimiento de las apuestas y sus consecuencias, especialmente entre los más jóvenes.
En noviembre de ese año, solicitó a la Cámara de Diputados que tratara el proyecto con urgencia. Luego, en febrero de 2025, reiteró el pedido ante el Senado y alertó sobre la expansión de una “cultura de la timba y del azar”, que puede afectar la libertad de quienes desarrollan una adicción.
En octubre de 2025, la Conferencia Episcopal Argentina, en representación de los obispos del país, volvió a pronunciarse con una advertencia contundente: “La ludopatía es un atentado contra la vida”. En esa oportunidad, también señaló que, sin controles adecuados, los teléfonos celulares pueden transformarse en verdaderos casinos.
LA PROTECCIÓN DE NIÑOS Y ADOLESCENTES, EN EL CENTRO DEL RECLAMO
La Comisión Episcopal sostuvo que las consecuencias de la ludopatía ya son visibles en las familias, las escuelas, los clubes y las comunidades. Además, indicó que diferentes estudios e investigaciones muestran la magnitud del problema y los riesgos que implica para la salud mental y el desarrollo integral de las personas.
Según el documento, los efectos son especialmente preocupantes entre los menores de edad y las personas que atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.
En ese contexto, la Iglesia planteó que la discusión ya no pasa solamente por reconocer la existencia del problema, sino por definir qué medidas se tomarán para enfrentarlo.
La carta también cuestiona que los intereses económicos vinculados al negocio de las apuestas puedan avanzar mientras numerosas personas y familias sufren sus consecuencias. Para reforzar este planteo, cita una expresión del papa León XIV sobre la necesidad de evitar “la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles”, mencionada en Magnífica Humanitas, número 10.
UN PEDIDO URGENTE AL SENADO
El documento advierte que la falta de medidas también implica una decisión, con consecuencias para el conjunto de la sociedad. En ese sentido, sostiene que la ausencia de una respuesta estatal puede profundizar los problemas sociales y generar daños difíciles de reparar.
Asimismo, señala que los costos humanos, familiares, sociales y sanitarios de la ludopatía terminan recayendo sobre las personas afectadas, sus familias y la sociedad, y no necesariamente sobre quienes obtienen beneficios económicos de las apuestas.
Por ese motivo, la Comisión Episcopal de Pastoral Social pidió a los senadores que asuman la responsabilidad que les fue confiada por la ciudadanía, retomen de inmediato el debate, alcancen los acuerdos necesarios y hagan lo posible para que el proyecto se convierta en ley.
“Frente al sufrimiento de tantos, no actuar no puede ser una opción”, expresa el mensaje, que insiste en la necesidad de adoptar medidas concretas para prevenir la ludopatía y proteger a la población.
El pronunciamiento concluye con un llamado a poner la dignidad humana y el bien común por encima de cualquier interés particular, y encomienda esta decisión a Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina.
“Es tiempo de cuidar, es tiempo de legislar, es tiempo de actuar”, remarca el documento respaldado por monseñor Adolfo Ramón Canecin.








