Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa se preparan para atravesar una primavera marcada por una mayor humedad y la posibilidad de eventos meteorológicos intensos. El fenómeno de El Niño podría modificar las condiciones habituales en buena parte del nordeste argentino y generar efectos diferentes según cada región y actividad productiva.
El escenario tendrá impacto sobre cultivos como soja, maíz, arroz y trigo, pero también sobre producciones perennes como yerba mate, té y cítricos.
La llegada de la primavera obliga a los productores a prestar atención no solamente a las lluvias, sino también al estado de los lotes y de los caminos rurales. Las condiciones más húmedas podrían favorecer a algunos cultivos de verano, aunque los excesos de agua pueden generar dificultades para sembrar, ingresar con maquinaria y controlar enfermedades.
A esto se suma otro factor: las heladas tardías. El invierno más cálido habría adelantado el desarrollo de algunas plantas, dejando brotes y tejidos más expuestos ante una eventual caída brusca de las temperaturas.
El análisis de IERAL-NEA, elaborado a partir de proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) y del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), anticipa para septiembre, octubre y noviembre precipitaciones superiores a los valores normales en buena parte del NEA, Paraguay y el sur de Brasil.
Las mayores probabilidades de lluvias por encima del promedio se concentran en Misiones, Corrientes y sectores del este de Chaco y Formosa.
Sin embargo, el impacto no será uniforme. Una mayor disponibilidad de agua puede resultar beneficiosa para los cultivos de verano, pero cuando las precipitaciones se concentran en poco tiempo pueden retrasar las siembras, impedir el ingreso de equipos y generar condiciones favorables para enfermedades.
CORRIENTES: ENTRE LAS RESERVAS DE AGUA, LOS CAMINOS Y LAS HELADAS
Corrientes aparece entre las provincias que deberán seguir de cerca la evolución del clima durante los próximos meses.
En el noreste provincial, el suelo presenta entre 70% y 80% de agua útil, mientras que en buena parte del resto del territorio los valores se ubican entre 20% y 30%. La diferencia muestra que algunas zonas ya cuentan con reservas importantes, mientras que otras todavía tienen capacidad para recibir nuevas precipitaciones.
La intensidad y la concentración de las lluvias serán determinantes. Si los eventos se producen en períodos cortos, el exceso de agua podría dificultar la preparación de los lotes, retrasar labores e impedir el ingreso de maquinaria.
Los caminos rurales también aparecen como un punto sensible. Cuando pierden transitabilidad, se complica el traslado de camiones, equipos e insumos y también la salida de la producción.
Pero no será el único riesgo. Las heladas tardías podrían afectar a determinadas producciones debido a que el invierno cálido habría adelantado el brote de algunas plantaciones, dejando tejidos más vulnerables ante descensos repentinos de temperatura.
De acuerdo con el informe, la combinación de heladas y plagas asociadas a este escenario podría comprometer hasta el 30% de la brotación en determinadas producciones.
MISIONES: EL EXCESO DE AGUA, EL PRINCIPAL DESAFÍO
Misiones parte de una situación todavía más húmeda. Según los registros del SMN, prácticamente todo el territorio provincial presenta alrededor de 90% de agua útil en el suelo.
Para actividades como la producción yerbatera, tealera y citrícola, contar con buena disponibilidad de agua puede ser favorable si las condiciones permanecen dentro de parámetros normales.
El panorama cambia si comienzan a acumularse nuevos eventos de lluvias intensas. En ese caso, aumenta el riesgo de excesos de humedad tanto en los lotes como en las zonas de circulación.
La humedad también puede favorecer la aparición de hongos y enfermedades, mientras que los caminos secundarios y terciarios pueden dificultar el traslado de trabajadores, maquinaria y cosecha.
Por eso, uno de los principales desafíos para Misiones será mantener un adecuado manejo sanitario y aprovechar las ventanas en las que el estado del suelo permita ingresar a los lotes y desarrollar las tareas necesarias.
CHACO Y FORMOSA: UNA REALIDAD QUE CAMBIA SEGÚN LA ZONA
El panorama en Chaco y Formosa es diferente. En buena parte del centro y este de ambas provincias, el porcentaje de agua útil ronda el 30%, mientras que hacia el oeste los registros descienden hasta aproximadamente 10%.
Esta distribución será determinante durante la primavera. En las zonas con menores reservas, nuevas precipitaciones podrían mejorar la disponibilidad de agua y favorecer a los cultivos de verano.
Pero una lluvia intensa concentrada en pocos días también puede generar complicaciones para avanzar con la siembra o realizar las tareas habituales de manejo.
El momento en que se produzcan los eventos tendrá un peso importante. Una tormenta fuerte durante una ventana de siembra podría obligar a retrasar los trabajos. Algo similar puede ocurrir cuando sea necesario ingresar a los lotes para realizar aplicaciones destinadas al control de enfermedades o plagas.
En Chaco, el impacto estará principalmente relacionado con los cultivos extensivos. En Formosa, además, tendrá especial importancia el estado de los caminos y la distribución territorial de las precipitaciones.
EL TRIGO, ENTRE LOS CULTIVOS MÁS EXPUESTOS
Dentro de los cultivos de invierno, el trigo aparece como uno de los que presenta mayor sensibilidad frente al escenario previsto.
Los excesos de humedad pueden afectar los rendimientos y favorecer la aparición de enfermedades. A eso se suma el riesgo de heladas tardías para aquellas plantas que hayan avanzado en su desarrollo antes de lo habitual.
La situación es diferente para soja, maíz y arroz, cultivos de verano que suelen encontrar condiciones favorables con la presencia de El Niño, siempre que las precipitaciones lleguen en el momento adecuado.
El problema aparece cuando la cantidad de agua supera lo que los lotes pueden absorber en períodos cortos. En esas circunstancias, una condición que inicialmente puede resultar beneficiosa termina dificultando la siembra, la aplicación de tratamientos y el movimiento de maquinaria.
Por eso, el impacto de El Niño no puede analizarse únicamente a partir del volumen total de lluvia acumulada. También será fundamental observar cuándo ocurren las precipitaciones y sobre qué zonas se concentran.
LOS CAMINOS RURALES, OTRA VARIABLE CLAVE
El informe de IERAL-NEA también pone el foco sobre un aspecto que va más allá del comportamiento del clima: la infraestructura productiva.
Una campaña que tenga buenas condiciones de humedad puede perder parte de sus beneficios si los caminos rurales quedan intransitables. El inconveniente no afecta solamente a los productores, sino también a transportistas, contratistas y plantas de procesamiento.
En este contexto, para los gobiernos provinciales y municipales será importante sostener el mantenimiento de caminos, canales y cauces, con el objetivo de facilitar el escurrimiento del agua y reducir el riesgo de anegamientos.
Del lado de los productores, el desafío estará en adaptar las tareas al estado de cada lote, anticipar posibles problemas sanitarios y aprovechar las ventanas de trabajo que permita el clima.
El SMN recomienda seguir los pronósticos de corto plazo y consultar el Sistema de Alerta Temprana, ya que el escenario general no descarta la posibilidad de eventos de mayor intensidad durante la primavera.
La perspectiva, entonces, no se reduce simplemente a una estación con más lluvias. El Niño puede generar condiciones favorables para soja, maíz y arroz, pero al mismo tiempo sumar dificultades para el trigo y las producciones perennes.
En Corrientes, la atención estará puesta especialmente en la combinación de reservas de agua, estado de los caminos y riesgo de heladas. En Misiones, el foco estará en los excesos y el manejo sanitario. Y en Chaco y Formosa, la distribución desigual de las precipitaciones será determinante: puede favorecer a las zonas con menores reservas, pero también complicar las tareas productivas si las lluvias se concentran en períodos muy cortos.









