CUANDO SE CIERRA UNA EMPRESA, NO SOLO SE APAGA UNA PERSIANA

Actualidad

30 de Agosto de 2026

Editorial

El cierre de la sucursal de Musimundo en Paso de los Libres no debería ser una noticia más. No debería pasar desapercibido entre tantas noticias que diariamente nos informan sobre cierres, despidos, suspensiones y trabajadores que, de un día para otro, quedan frente a un futuro incierto.

Porque cuando una empresa cierra sus puertas, no solamente se baja una persiana.
Detrás de cada trabajador que pierde su empleo hay una familia. Hay hijos, alquileres, cuentas, alimentos, medicamentos y necesidades que no esperan. Hay personas que, hasta ayer, tenían la tranquilidad —aunque fuera mínima— de contar con un ingreso y que hoy deben preguntarse cómo van a continuar.

La situación económica que atraviesa nuestro país está dejando víctimas todos los días. Y esas víctimas, lamentablemente, casi nunca son quienes toman las grandes decisiones. Son los trabajadores. Son las familias. Son los pequeños comerciantes. Son aquellos que viven de su esfuerzo cotidiano y que hoy ven cómo el trabajo, lejos de multiplicarse, comienza a desaparecer.

El cierre de Musimundo en Paso de los Libres debe hacernos mirar mucho más allá de una empresa en particular.

Debe obligarnos a preguntarnos qué ciudad estamos construyendo y, fundamentalmente, qué hicieron durante décadas los distintos gobiernos para generar fuentes genuinas de trabajo.

Paso de los Libres es una ciudad que prácticamente no cuenta con industrias. Una ciudad fronteriza, estratégica por su ubicación, con un enorme potencial comercial y logístico, pero que históricamente ha sido incapaz de transformar ese potencial en desarrollo industrial y empleo para su gente.

Y la responsabilidad no es solamente de un gobierno.

Han pasado distintos gobiernos municipales, provinciales y nacionales. Han pasado intendentes, funcionarios, legisladores y dirigentes que prometieron desarrollo, inversiones y trabajo. Sin embargo, seguimos dependiendo en gran medida del comercio, del empleo público y de actividades que, cuando la economía se derrumba, son las primeras en sufrir las consecuencias.

Tenemos un llamado Parque Industrial que, lamentablemente, de industrial parece tener solamente el nombre.

Un espacio que debería estar lleno de fábricas, maquinarias, producción y trabajadores, generando oportunidades para cientos de familias libreñas. Un verdadero polo de desarrollo que debería atraer inversiones y permitir que nuestros jóvenes puedan quedarse en su ciudad a trabajar.
Pero la pregunta es inevitable: ¿cuántas industrias importantes se instalaron realmente allí? ¿Cuántos puestos de trabajo genuinos generó ese parque para los libreños?
Porque un parque industrial no puede convertirse simplemente en un lugar donde algunos sectores vinculados al poder encuentren beneficios, exenciones o ventajas impositivas, mientras la ciudad continúa sin una política seria de industrialización.
El desarrollo no se declama.
El trabajo no se anuncia en discursos.
El progreso no se construye con carteles.
Se construye generando condiciones para que las empresas se instalen, produzcan, inviertan y contraten trabajadores.

Y mientras eso no ocurra, Paso de los Libres continuará siendo una ciudad vulnerable frente a cada crisis económica.

La salida de Musimundo de nuestra ciudad se produce, además, en un contexto nacional complejo, con una economía que golpea directamente al consumo. Cuando las familias pierden poder adquisitivo, cuando los salarios no alcanzan, cuando las ventas caen y cuando mantener una estructura comercial se vuelve cada vez más difícil, las consecuencias terminan llegando.

Y nuevamente, quienes pagan el costo son los trabajadores.

También es cierto que Paso de los Libres enfrenta una realidad particular por su condición fronteriza. La cercanía con Uruguaiana, Brasil, genera una fuerte competencia comercial. Muchos consumidores cruzan la frontera buscando precios y productos que, por diferentes condiciones impositivas y comerciales, resultan más convenientes.
Pero reducir todo a la competencia con Brasil sería simplificar un problema mucho más profundo.

La falta de industrias, la ausencia de políticas de desarrollo sostenidas en el tiempo y la dependencia de una economía comercial frágil son problemas que nuestra ciudad arrastra desde hace décadas.

Hoy cerró Musimundo.

Mañana puede ser otra empresa.
Y cada vez que una persiana se baja, deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo para que una nueva se levante.
No alcanza con lamentarse después del cierre. No alcanza con las fotografías, los discursos de ocasión ni las promesas electorales.

Paso de los Libres necesita una verdadera política de desarrollo productivo.
Necesita que quienes gobiernan dejen de pensar solamente en la próxima elección y comiencen a pensar en los próximos veinte o treinta años.

Necesitamos industrias.
Necesitamos inversiones.
Necesitamos capacitación para nuestros jóvenes.
Necesitamos empleo privado genuino.
Necesitamos un parque industrial que sea verdaderamente industrial.

Porque una ciudad sin fuentes de trabajo condena a sus jóvenes a emigrar, a sus familias a depender cada vez más de la asistencia estatal y a sus trabajadores a vivir permanentemente con la incertidumbre de no saber si mañana conservarán su empleo.
El cierre de Musimundo debería ser una señal de alarma.
No solamente para los trabajadores afectados, a quienes corresponde acompañar y defender en este difícil momento, sino para toda la comunidad.
Porque hoy son ellos.

Pero mañana puede ser cualquier trabajador de cualquier comercio o empresa de Paso de los Libres.

Y mientras los gobiernos continúen mirando hacia otro lado, mientras no exista una política seria para atraer industrias y generar trabajo, nuestra ciudad seguirá pagando las consecuencias de décadas de improvisación.
Cuando se cierra una empresa, no solo se apaga una persiana. Se apaga una parte de la tranquilidad de varias familias.

Y eso debería preocuparnos a todos.

Rolón Javier Adrián
Director de la Corresponsalía Paso de los Libres
El Pueblo Noticias