
El clima obligó a cambiar los planes, pero no logró frenar una propuesta que tuvo como protagonistas a la inclusión, la confianza y el trabajo en equipo. En el predio Costa Surubí, personas con discapacidad participaron de una jornada de bicicletas tándem inclusivas organizada por la Coordinación de Discapacidad de la Municipalidad de Goya, junto con distintas áreas municipales.
La actividad había sido pensada para realizarse al aire libre y recorrer distintos sectores de la ciudad. Sin embargo, las condiciones climáticas llevaron a trasladar la propuesta al interior del predio, donde se preparó un circuito especial con cartelería y señales de tránsito para recrear, de la manera más cercana posible, las condiciones de circulación en la vía pública.
A pesar de la lluvia y del cambio de escenario, las familias se fueron acercando durante toda la mañana y la propuesta mantuvo una importante participación.
“Sí, como bien lo describiste, está acá con toda la emoción, adrenalina que caracteriza este momento, subida a la bici presentando a los chicos esta nueva experiencia también. Así que es una mañana muy, muy linda a pesar del clima”, contó la psicopedagoga Eliana Zarantonelli, integrante del equipo de la Coordinación de Discapacidad.
La jornada fue posible a partir del trabajo conjunto con la Secretaría de Turismo, la Dirección de Deportes y el área de Tránsito. Esta última colaboró con la señalización utilizada para armar dentro de Costa Surubí un pequeño circuito vial seguro, pensado especialmente para que los participantes pudieran experimentar el desplazamiento en bicicleta.
PEDALEAR CONFIANDO EN EL OTRO
Uno de los ejes de la actividad fue el uso de las bicicletas tándem. En este tipo de bicicleta, dos personas pedalean juntas: quien ocupa el asiento delantero conduce y marca el recorrido, mientras que la persona que va detrás acompaña el movimiento y deposita su confianza en quien está al frente.
La experiencia adquiere un significado especial para las personas ciegas o con disminución visual, ya que el acompañamiento y la comunicación resultan fundamentales durante todo el recorrido.
“Es el trabajo en equipo, confiar en el que está adelante. El de adelante es el que guía el camino, es los ojos del que va atrás. Entonces el de atrás va plenamente confiando en su guía”, explicó Zarantonelli.
En la actividad también participa Héctor, conocido en el ámbito como “Héctor el bicicletero”, quien acompaña la propuesta y aporta su experiencia para que los participantes puedan acercarse a esta modalidad de movilidad compartida.
UNA EXPERIENCIA NUEVA PARA MUCHOS PARTICIPANTES
Más allá de aprender a manejarse sobre la bicicleta, la jornada apunta a generar una experiencia que para algunos de los participantes representa una primera oportunidad de disfrutar de una actividad que hasta ahora no habían podido realizar.
“Personas con discapacidad o con limitaciones que no han podido hasta el momento subir en una bici y hoy poder hacerlo… es una felicidad muy grande”, destacó la profesional.
La escena se repitió durante la mañana: participantes que se animaron a subir, pedalear y dejarse llevar por quien ocupaba el lugar de guía. El ejercicio permitió trabajar aspectos como la coordinación, la comunicación, la seguridad y, sobre todo, la confianza entre quienes comparten la bicicleta.
EL CLIMA CAMBIÓ EL RECORRIDO, PERO NO LA PROPUESTA
La idea original era aprovechar el espacio abierto y realizar la actividad con un recorrido por la ciudad. La lluvia obligó a modificar el plan, aunque el equipo organizador rápidamente buscó una alternativa.
“La idea era hacerlo afuera, al aire libre con el sol, pero debido al clima lo tuvimos que hacer acá en el predio Costa Surubí, que también está muy lindo. Lo acondicionamos con señales de tránsito para que los chicos puedan vivenciar lo más parecido a la vía pública”, explicó Zarantonelli.
La adaptación permitió mantener el objetivo principal de la jornada sin exponer a los participantes a las condiciones climáticas adversas. Dentro del predio se armó un circuito que permitió conservar buena parte de la dinámica prevista originalmente.
UNA PROPUESTA ABIERTA A LAS FAMILIAS
La actividad se desarrolló durante toda la mañana y no contó con un horario rígido de finalización. La participación dependió de la llegada de las familias y de quienes se acercaron interesados en probar las bicicletas.
“Va a depender de la gente si sigue llegando… hasta el momento, a pesar del clima, estamos teniendo gran concurrencia”, señaló la psicopedagoga.
Zarantonelli también valoró el acompañamiento de la coordinadora Cintia y de todo el equipo que trabajó para hacer posible la jornada.
Así, Costa Surubí se transformó por unas horas en un espacio donde el pedaleo fue apenas una parte de la experiencia. La propuesta puso en primer plano algo mucho más sencillo y, a la vez, profundo: animarse a probar, confiar en otra persona y descubrir que una bicicleta también puede convertirse en una herramienta para compartir, integrarse y ganar autonomía.





