CUANDO LA PELEA DEJA DE SER UN PROBLEMA ESCOLAR Y SE VUELVE CONTENIDO

Del recreo al feed

Viernes 8 de Mayo de 2026

Por : Rolón Javier Adrian

Las peleas entre alumnos ya no quedan en el patio. Ahora se filman, se editan y se suben con música de fondo. Lo que antes era un conflicto a resolver en dirección, hoy es “material” para likes. Y eso cambia todo.

Hace 15 años, si dos chicos se agarraban a trompadas en la escuela, terminaba en el libro de actas, con citación a los padres y un par de días de suspensión. Era un problema interno, feo, pero manejable.

Hoy el mismo episodio termina en Instagram o TikTok antes de que suene la campana de salida. Lo filma un compañero, lo sube otro, y en 20 minutos tenés 300 comentarios celebrando quién “ganó”. La gracia ya no es pelearse. La gracia es tener la mejor toma.

Ese cambio no es menor. Porque cuando el conflicto se transforma en espectáculo, deja de buscarse una solución y empieza a buscarse viralización.

El alumno que filma también es parte del problema

Acá no hay inocentes. El que pega tiene una responsabilidad obvia. Pero el que saca el celular, encuadra bien y se ríe mientras filma, está alimentando la lógica. Sin cámara no hay show. Sin show, probablemente la pelea se corte antes.

Muchos lo hacen “de joda”, sin pensar que están documentando una situación de violencia. Otros lo hacen sabiendo exactamente lo que hacen: quieren notoriedad, aunque sea a costa del compañero.

Y las escuelas quedan en el medio, con un reglamento pensado para el mundo sin celulares y con docentes que no son policías ni community managers.

La gracia tiene costo

Lo que se sube como “meme” se queda en internet para siempre. Ese pibe que hoy se ríe porque salió en un video pegándole a otro, mañana puede encontrarse con ese archivo cuando busque trabajo, una beca o un ingreso a la facultad.

Lo mismo para el que recibe los golpes. El daño físico se cura. El daño a la reputación, no tanto.

Y detrás de cada video hay padres que se enteran por WhatsApp, no por el colegio. Hay docentes que tienen que contener una situación que ya se les fue de las manos. Y hay una comunidad que empieza a ver la escuela como un lugar inseguro, no como un espacio de aprendizaje.

No alcanza con prohibir celulares

La respuesta fácil es “prohibamos los teléfonos”. No funciona. El problema no es el dispositivo. Es la cultura de espectacularizar la violencia.

Si queremos cortar esto, hay que trabajar en tres niveles:

1. Claro con los límites: El alumno que filma una pelea para subirla está participando de un hecho de violencia. Tiene que tener una consecuencia concreta, no solo una charla.
2. Trabajo con los pibes: Hablar de responsabilidad digital, de consentimiento, de lo que significa exponer a otro. No con un PowerPoint aburrido, sino con casos reales y consecuencias reales.
3. Familia adentro: Los padres tienen que saber qué hacen sus hijos con el celular. Si un chico de 13 años tiene TikTok abierto a las 2 AM, el problema no empezó en la escuela.

Las escuelas no pueden solas. Esto no se arregla con un comunicado ni con una suspensión ejemplar. Se arregla cuando entendemos que cada video que se sube es una decisión que alguien tomó, y que esa decisión tiene consecuencias.

Si seguimos tomándolo como “cosas de chicos”, en dos años vamos a estar hablando de algo mucho más grave que una piña en el patio.

Porque hoy filman una pelea. Mañana, ¿qué filman?

Imagenes de la pelea entre alumnos de la ” EScuela Normal de laciudad de Paso de los Libres.